viernes, 16 de julio de 2010


PARASHAT DEVARIM
פרשת דברים

Shabat Jazon

Este shabat lleva el nombre de Shabat Jazon. “Jazon” significa visión y este término se debe a la palabra con la que comienza la sección profética del primer capítulo del libro de Isaías. Shabat Jazon precede siempre al 9 de Av, día de duelo y ayuno que recuerda el aniversario de la destrucción de los dos templos de la ciudad de Jerusalén y otros acontecimientos nefastos para la historia del pueblo de Israel.
Comenzamos esta semana el libro Devarim (Deuteronomio), quinto y último libro de la Torá cuya lectura nos acompañará hasta la fiesta de Simjat Tora y en ese día reiniciaremos la lectura del libro Bereshit (Génesis).
El nombre Devarim se traduce como “Palabras”. El primer versículo comienza diciendo “Ele Hadevarim” (estas son las palabras) y de allí el nombre del libro. Antiguamente fue llamado Mishne Tora (Segunda ley) y los judíos de habla griega le dieron el nombre Deuteronomion que significa “Segunda Ley” y este es el término con el que se conoce al libro en los distintos idiomas en los que está traducida la Torá.
El libro comprende los discursos de despedida de Moisés a su pueblo. Durante cuarenta años los guió hasta las fronteras de la Tierra Prometida y en ese lugar resumió la historia del pueblo de Israel advirtiendo las consecuencias negativas por tener contacto con los habitantes de Canaán y la promesa de D´s de dar bendiciones al pueblo si es que cumplirían con los preceptos y mandamientos.
Moisés habló a todo el pueblo de Israel ubicado todavía del otro lado del río Jordán en el año cuarenta de la travesía. Sabiendo que no entraría a la Tierra prometida pronunció sus palabras finales al igual que antes lo hubiera hecho el patriarca Jacob y después de él, Joshua, Samuel y el rey David.
El primero de los discursos repasa la travesía desde Egipto hasta Kadesh Barnea.
“¡Trasladaos! Y desplazaos y allegaos hasta la montaña del Emorí y hacia todos los territorios aledaños: en la Arabah, en la montaña, en la tierra baja y en el Neguev y en el litoral, en la tierra de Quenaani y el Lebanon hasta el río grande, el río Perat” (Deuteronomio 1: 7)
En esta oración Moisés definió los límites que tendría la tierra de Israel, siguiendo la promesa divina a los Patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob.
Desde el comienzo de sus palabras Moisés relató que tuvo que elegir personas para colaborar con él y ponerlas al frente de las tribus. Esto había sido sugerido en principio por su suegro Itro y de acuerdo al comentarista Rashi, las características de estas personas debían ser:
“Ser hombres de virtud, temerosos de D´s, amantes de la verdad, que aborrecen el lucro mal habido, sabios, inteligentes y conocidos.” (Comentario de Rashi citado en Edery, Devarim, p. 6)
Dichos jueces debían escuchar sus hermanos y juzgar con equidad, no ser condescendientes con conocidos y escuchar al grande y al pequeño. Los casos difíciles debían ser presentados ante Moisés. Junto a esas autoridades los hebreos marcharon y pidieron en un momento conocer la tierra de Israel. Para ello se enviaron a los exploradores para recorrer la misma y traer un informe a su regreso. Este informe desagradó a la mayor parte del pueblo y por eso D´s decidió preservar solamente a Joshua y a Caleb dos de los doce emisarios quienes brindaron un informe positivo mientras que los demás iban a morir en el desierto. La parasha describe el recorrido hacia la tierra de Israel refiriéndose a los pueblos contra los cuales Israel debió luchar y a quienes no podía enfrentar. De este modo se describe nuevamente la gesta gloriosa del pueblo de Israel combatiendo y venciendo a grandes reyes como Sijon, Og y Jeshvon quienes dirigían pueblos muy poderosos pero que fueron vencidos por el pueblo de Israel en su marcha hacia Canaán sin olvidar la ayuda de D´s para cumplir con este objetivo.

Shabat Shalom

RAB RUBEN SAFERSTEIN

PALABRAS DE VIDA


Del dolor a la esperanza

Se cuenta que el emperador Napoleón Bonaparte, caminaba por las calles de París la noche de Tishá BeAv (9 del mes de Av), y al pasar por la puerta de la sinagoga, oyó a un grupo de judíos llorando y lamentándose. Le pidió a uno de sus servidores que le averiguara por qué lloraba esa gente. El escudero regreso riéndose: “No lo creería, Majestad, lloran por la destrucción de un Templo, algo que pasó hace dos mil años.” El emperador se quedó pensativo y luego de un rato dijo: “Si esta gente llora por algo que pasó hace dos mil años, seguramente su Templo será reconstruido, y seguramente mi Imperio desaparecerá y nadie llorará por él.”

Sin duda, la perseverancia y el tesón del nuestro pueblo a lo largo de dos mil años de exilio, en los cuales no se perdió el vínculo con la Tierra ancestral ni con el deseo de reconstruir y vivir libre y soberanamente, fue lo que permitió que finalmente resurja el Estado de Israel y que Ierushalaim se reconstruya.

Pero para lo que nuestra tradición nos lega (y esto es así aún en estos días aciagos que nos toca vivir desde radios y televisores), la destrucción no nos debe desesperanzar, sino que debe movernos hacia el compromiso con valores constructivos. Precisamente, de la destrucción debe extraerse la fuerza para construir un mundo mejor. Tal vez por ello el Talmud nos enseña que en el mismo día en que se destruyó el Templo, nació el Mashiaj, que simboliza nuestra esperanza en un mundo mejor en el que todos viviremos en armonía y libertad.

Otro Midrash, cuenta que cuando el Templo fue incendiado, en Tishá BeAv, el Sumo Sacerdote de entonces, arrojó las llaves del Templo al cielo. Entonces una mano bajó del cielo y tomó las llaves.

Dice el Talmud que en cada generación, la misma mano vuelve a bajar y ofrece a los hombres las llaves del Templo. Tal vez sea tarea de cada uno tomar esas llaves y aceptar el desafío de la reconstrucción.

DR.GABRIEL PRISTZKER

SEMINARISTA

RESUMEN DE LA PARASHA SEMANAL


PARASHA DEVARIM - PALABRAS

RESUMEN DE LA PARASHA

Con esta parashá comenzamos la lectura del último libro de nuestra Torá: Devarim (Deuteronomio). Moshé se dirigió al Pueblo reseñando a la nueva generación que entraría a la Tierra de Israel, los acontecimientos y vivencias ocurridos a los Benei Israel durante los cuarenta años de transitar en el desierto.
Les recordó cuando en el monte Jórev el Eterno les ordenó levantar el campamento y proseguir su camino hacia la tierra de Canaán. Fue entonces, que Moshé sintió la imposibilidad de continuar sólo soportando la carga del liderazgo, por lo que designó jueces y administradores para ayudarlo en su ardua misión. Así, organizó social y judicialmente al Pueblo y promulgó leyes para los jueces.
Moshé les recuerda el momento en que les mostró la Tierra Prometida y designó enviados, uno por cada tribu, para investigar la Tierra, y cuando regresaron los espías, desanimaron al Pueblo de Israel con un informe negativo, hablando mal sobre la Tierra que el Todopoderoso prometió a los Benei Israel y éstos cayeron en el pecado y no confiaron en Hashem. Este hecho provocó el enojo del Todopoderoso, Quien los castigó con no entrar a Eretz Israel que la peregrinación por el desierto se extendiera en el tiempo, lapso en el que murió la vieja generación, salvo Caleb y Yehoshúa. También la irritación fue contra Moshé y nombró como sucesor a Yehoshúa hijo de Nun, quien entraría al Pueblo a la Tierra de Israel.
Los israelitas acamparon en el Monte Seír. De allí continuaron su recorrido a través de la tierra de Edom, tierra prometida a los descendientes de Esav, no debiendo guerrear con sus habitantes ni tampoco con los Moab, tierra destinada a los descendientes de Lot. Pero sí tuvieron que luchar contra Sión, rey de Jeshbón, derrotándolo, pues no había permitido el paso del Pueblo por su territorio. Lo mismo ocurrió con Og, rey de Basán.
También recordó Moshé que el territorio de Guilad había sido destinado para las tribus de Reuvén, Gad y parte de Menashé, pero con la condición de que debían unirse al resto del Pueblo para conquistar Canaán.
Por último, Moshé alentó a Yehoshúa a no temer a las naciones que habitaban en Eretz Israel, ya que el Eterno pelearía por los Benei Israel.