martes, 20 de julio de 2010

LA PARASHA DE LA SEMANA


MENSAJE DEL RABINO
PARASHA VEATJANAN
פרשת ואתחנן
Shabat Najamu

A comienzos de esta semana nos reunimos para conmemorar 9 de Av, el día de duelo y ayuno en el que recordamos la destrucción del Templo de Jerusalem. Como cada año, nos sentamos en la sinagoga con una luz muy difusa para rezar y leer el libro de Eija, “Lamentaciones” un texto desgarrador, adjudicado al profeta Jeremías, quien describió en este texto a Jerusalén luego de la invasión y destrucción de la ciudad y del Templo.
Por ello, este Shabat lleva el nombre de Shabat Najamu “shabat del consuelo“ ya que leemos en la Haftará al profeta Isaías, quien en el capítulo 40 pide a D´s consuelo para el pueblo de Israel.
Parashat Vaetjanan, a partir del capítulo 3 del libro Devarim, continúa con las palabras de Moisés a su pueblo, y al comienzo de la sección, Moisés ruega a D´s que le permita entrar a la Tierra de Israel. Ya hemos explicado en varias oportunidades que D´s había determinado que el ingreso a la tierra de Israel sería bajo el liderazgo de Joshua Bin Nun. Moisés pidió a D´s de un modo que fue más que todo un ruego de poder entrar, pero ese pedido fue denegado terminantemente.
En esta lectura, Moisés hace el siguiente llamado al pueblo de Israel:
“IY ahora, Israel, escucha los fueros y las leyes que yo os enseño a vosotros, para cumplir; para que hayáis de vivir y podáis venir a la tierra y heredéis la tierra que Adonai, D´s de los Patriarcas, os concede a vosotros.” (Deuteronomio 4:3)
D´s, a través de Moisés, pide expresamente cumplir con los mandamientos y preceptos de la Torá, y de hecho esta parasha vuelve a formular los diez mandamientos, aunque no exactamente como los leemos en Éxodo 20. Hay algunas variaciones, especialmente en cuanto al día de Shabat. Aquí el mandamiento dice “Observa” el día de Shabat, mientras que en Éxodo decía “Recuerda” el día de Shabat.
De todos modos, los mandamientos siguen siendo los mismos. Acá se agrega la declaración de fe del pueblo de Israel conocida como el Shema Israel que rezamos todos los días del año, expresando nuestra creencia en un único D´s.
Una de las características principales que tiene el libro Deuteronomio, es la lucha contra la idolatría. El pueblo de Israel cree en D´s mientras que las otras divinidades son inertes y pertenecen a la creencia de los habitantes del lugar. La Torá prohíbe expresamente el contacto con el culto local siendo esta consigna parte esencial del Pacto de D´s con el pueblo de Israel.
También en esta parashá, así como en los demás libros de la Torá, D´s pide recordar el hecho de haber sido esclavos y de haber salido de la tierra de Egipto. D´s preveía que el pueblo iría a cometer desvíos en su comportamiento y a vincularse con actitudes politeístas. La Torá menciona los castigos probables por dichas actitudes en caso de ocurrir, pero también enfatiza el concepto de pacto indisoluble de D´s con Su pueblo y más allá del castigo, D´s cumplirá con la promesa dada a los Patriarcas.
“Pues D´s, Misericordioso es Adonai, tu D´s. No te soltará, ni te destruirá y no olvidará el Pacto de tus Patriarcas lo que les había jurado a ellos” (Deuteronomio 4:31)
Permanentemente nos formulamos la pregunta acerca de la validez de la Torá en nuestros días. Leemos y estudiamos la Torá en el siglo XXI ¿Tiene relación con nosotros este texto milenario? ¿Acaso nosotros estuvimos en Sinaí? ¿Quiénes recibieron a fin de cuentas la Torá? “No solamente con nuestros padres había concertado Adonai este pacto, sino con nosotros; nosotros los que estamos aquí hoy, todos nosotros vivientes. (Deuteronomio 5:3)
La Torá fue entregada a los hebreos que habían salido de Egipto a los pies del monte Sinaí. No era un número muy grande, pero el amor de D´s era muy grande y esto definió la elección.
La Torá no fue dada exclusivamente a nuestros antepasados en Sinaí. Nosotros también la recibimos en nuestros días. Mejor dicho, la Torá se nos entrega a nosotros cada día y la pregunta que debemos hacernos es, si estamos acaso dispuestos a recibirla con todos los compromisos que eso lleva.
El pueblo de Israel fue consagrado en su momento y así lo es también hoy. Este concepto abarca esta parashá y permanece vigente en nuestros días.
Shabat Shalom!
Rabino Ruben Saferstein

PALABRAS DE VIDA


PERLITAS
Revisando los bolsillos
Dijo Rabi Janin en el Tratado Talmúdico de Shabat: “Una persona debe examinar sus ropas el viernes a la tarde antes de la llegada del Shabat para no olvidarse nada en sus bolsillos y salir a la calle” (En Shabat está prohibido portar objetos entre diferentes dominios).

Rabi Iosef dijo: “Esta es la más importante de todas las observancias del Shabat”.

En esta enseñanza nuestros sabios nos recuerdan que el Shabat es el día para revisar en los “bolsillos” del alma acerca de lo hecho y lo no hecho, de lo dicho y lo callado, en la semana que finaliza.

Seminarista Dr. Gabriel Pristzker
Director Comunitario

RESUMEN DE LA PARASHA SEMANAL


PARASHA VAETJANAN

En esta parashá Moshé continúa recordando y criticando al Pueblo, sobre cómo él rogó al Todopoderoso que Le autorizara cruzar el Jordán para contemplar la Tierra de Israel, pero como el Eterno estaba irritado con él por culpa de acciones del Pueblo, sólo Le permitió verlo desde la cúspide del monte Pisgá. Al mismo tiempo Le ordenó designar a Yehoshúa para hacerse cargo del liderazgo sobre los Benei Israel.
Moshé exhortó al Pueblo a observar cuidadosamente las leyes y preceptos de Hashem, pues así serían reconocidos por otros pueblos como una gran nación y prevalecerían no obstante ser poco numerosos.
Moshé les recuerda que no olviden todo lo que vivido en el Monte Sinai cuando recibieron los Diez Mandamientos. Moshé advierte al pueblo que no hagan imágenes para idolatrarlas pues en el Monte Sinai no vieron ninguna imagen y solamente escucharon la voz del Eterno. A pesar de ello, Moshé profetiza que el Pueblo, después de asentarse en la tierra de Israel, cometerán idolatría y serán destruidos y dispersados entre las demás naciones. Pero si se arrepintieran sinceramente, recibirán la gracia y el perdón Divinos.
Moshé designó a las tres ciudades de refugio, Bétzer, Ramot y Golán, al este del río Jordán, para todo aquel que matase accidentalmente.
Moshé recordó al Pueblo los Diez Mandamientos, con los que el Eterno concertó con ellos un pacto eterno y que ellos pidieron a Moshé que sea él el intermediario entre Hashem y los Benei Israel. El Todopoderoso aceptó ese pedido y se alegró. Moshé les asegura que si ellos van a comportarse correctamente recibirán todo tipo de bendiciones.
Entonces Moshé formuló el Shemá, afirmando la unicidad de Hashem e instruye al Pueblo respecto de la fe y el amor al Eterno por todas las generaciones futuras.
También indicó que las leyes deberán ser recordadas eternamente como señal colocada en la mano y en la frente, los Tefilín, y en los marcos de las puertas de cada casa (la Mezuzá).
Moshé recuerda no tomar el nombre del Eterno en falso, el cumplimiento del Shabat, honrar al padre y a la madre, no matar, no cometer adulterio, no robar, no dar falso testimonio, no desear la mujer del prójimo, ni su casa, ni su campo, ni sus animales.
Moshé les advierte que cuando se asienten en la Tierra no se olviden de Hashem y los incita para que transmitan a sus hijos, todo lo que ellos vivieron.
Por último, les previno no casarse con gentiles, porque ellos los harán abandonar al Eterno desviándolos de Su camino.
Israel es un Pueblo santo al que el Todopoderoso demostró Su amor librándolo de la esclavitud, y es su deber corresponderLe por medio de la observancia de Sus preceptos.

LA HAFTARAL SEMANAL


HAFTARAH VAETJANAN
IESHAHIAU 40:1 – 40:26

A partir del primer Shabbat después del 9 de Av y durante siete Shabbatot consecutivos, se leerán siete profecías de Ieshahiahu conocidas como "Shibha denejamata" (las siete Haftarot de consuelo).
Estas Haftarot no presentan analogía alguna con las Parashiot. El tema central de las mismas es reconfortar paulatina y sostenidamente al pueblo de Israel. Mientras que las Haftarot de infortunio cubren un período de tres semanas, las de consuelo ocupan siete, indicando, según palabras de nuestros sabios, que la Benevolencia de Di-s es más duradera que Su Ira.
Este período de siete semanas concluye el Shabbat anterior a Rosh Hashanah. Este Shabbat es conocido como "Shabbat Najamú" siguiendo la palabra que inicia esta profecía de consuelo.
"Consolad, consolad a Mi pueblo, dice vuestro Di-s" (Ieshahiahu 40:1)
El profeta repite sus profecías acerca de los tiempos futuros, porque desde aquí hasta el fin del libro, son palabras de consuelo; por ello intercala este pasaje aquí, para separar las profecías de desventura anteriores.
Ibn Hezra comenta que la palabra 'najamú' -consolad-, es la Palabra de Di-s a Sus profetas o a los grandes del pueblo. Figura dos veces como para indicar premura, o queriendo decir 'consolad a Mi pueblo, momento por momento'.
"¿Y a quien habréis de comparar a Di-s y qué imagen habréis de atribuirLe?..... Tallista sabio se busca para prepararle una estatua que no se desmorone" (Ieshahiahu 40:18-20)
El profeta ironiza sobre lo absurdo de la idolatría cuando describe al hombre pobre que busca una madera que no se pudre y le da forma para adorarla. ¿Entenderá la humanidad que Di-s no tiene imagen? ¿Entenderá la humanidad que el hombre, cuando hace ídolos y los venera, se está prosternando ante sus propias obras? ¿Ante él mismo?
"Elevad hacia las alturas vuestros ojos y divisad: ¿Quién ha creado a éstos?..." (Ieshahiahu 40:26)
Tenemos el deber ineludible de estudiar y conocer la Creación a través de las ciencias, tanto respecto a la tierra abajo, como al espacio, arriba. Los sabios de Israel sitúan a los que tienen la capacidad de estudiar astronomía a través de cálculos, y no lo hicieran, en la categoría de quienes "... la obra de Adon-i no observan y la Creación de Sus Manos no ven" (Isaías 5:12).

Libro de Deuteronomio y Haftarot en versión Castellana
Traducción, supervisión, selección exegética,notas y comentarios del Rabino Marcos Edery

lunes, 19 de julio de 2010

TISHA BEAV - 9 DE AV


La Historia del Nueve de Av

Por: Rab. Iehuda Levi (publicado en “Judaísmo hoy”)


La Mishná (Taanit 4:6) nos relata que cinco tragedias para el pueblo de Israel ocurrieron en Tishá Beav:
Cuando el pueblo de Israel estaba acampando en el desierto luego de haber salido de la tierra de Egipto, mandaron exploradores para que espíen la Tierra de Israel y saber por dónde entrar a la tierra para comenzar la conquista. Al retornar, después de cuarenta días, los espías dieron un falso reporte sobre la tierra y sus habitantes, y el pueblo aceptó aquel difamatorio reporte a causa de su falta de fe, llorando desalentados. Por esta razón, D'os decretó que los hombres de aquella generación no entrarían a la Tierra de Israel y deambularían por el desierto durante cuarenta años muriendo en él, y este fue el primer triste evento ocurrido un nueve de Av (del año 1313 a.e.c.).
La segunda desgracia ocurrida en este día fue que el primer Templo Sagrado de Jerusalem fue destruido a manos del emperador Nabucodonosor, rey de los Babilonios. Alrededor de cien mil judíos fueron asesinados y millones fueron exiliados (423 a.e.c.).
También el segundo Templo Sagrado de Jerusalem fue destruido un nueve de Av a manos del Imperio Romano liderado por el General Tito. Unos dos millones de judíos murieron y otro millón fue exiliado (68 e.c.).
La cuarta tragedia ocurrida un Tishá Beav tuvo lugar cincuenta y dos años después de la destrucción del Segundo Templo (120 e.c.) y es que el Imperio Romano liderado entonces por Adriano conquistó la gran ciudad de Betar junto con sus cientos de miles de habitantes. Esta ciudad tenía un gran rey y todo el pueblo de Israel y los grandes Sabios pensaron que él era el Mashiaj, pero él cayó en manos de los Romanos quienes mataron a los habitantes de toda la ciudad, y este hecho fue tan doloroso como el sufrimiento por la destrucción del Templo.
El quinto triste evento que tuvo lugar en Tishá Beav fue que después de la destrucción del primer Templo la tierra de Israel estuvo desolada durante 52 años y la ciudad de Jerusalem fue arada como si fuera un campo. Además, en la época del segundo Templo, el área y los alrededores del Templo de Jerusalem (en ruinas) fueron tomados por el general romano Turnus Rufus, Jerusalem fue reconstruida como una ciudad pagana - renombrada Aelia Capitolina y fue prohibido el acceso de los judíos a la misma.
Sin embargo, además de estas cinco desgracias recordadas en la Mishná, otras tragedias para nuestro pueblo tuvieron lugar en este día, a lo largo de la historia judía, después de haberse escrito la Mishná (en el año 200 e.c. aprox.).El Papa Urbano II declaró las primeras Cruzadas, un nueve de Av. En ellas, decenas de miles de judíos fueron asesinados y muchas comunidades judías desaparecieron. Más tarde en la historia, la inquisición española culminó con la expulsión de los judíos de España en el día de Tishá Beav del año 1492. También un nueve de Av se desencadenó la primer guerra mundial en el año 1914, cuando Rusia le declaró la guerra a Alemania, y el resentimiento alemán por haber perdido la guerra, preparó la escena para el estallido de la segunda guerra mundial y el terrible Holocausto que terminó con la vida de un tercio de nuestros hermanos Además, en Tishá Beav, comenzó la deportación de los judíos del guetto de Varsovia.
Es por eso que para mantener frescos en nuestra memoria todos estos tristes episodios, en función de meditar sobre ellos para saber qué debemos cambiar y reparar para que no se vuelvan a repetir, debemos practicar algunas costumbres de duelo en este triste día, con la firme esperanza de que con Su infinita misericordia, D'os lo convierta pronto en un día de alegría y regocijo para todos nosotros. Amén. "D'os destruirá a la muerte para siempre, borrará las lágrimas de todos los rostros y hará que Su pueblo no sea avergonzado nuevamente…" (Ieshaiahu - Isaías - 25:8).
Durante las tefilot (oraciones) de Tishá Beav – 9 de Av – se rezan Kinot (poesías compuestas por diferentes poetas sobre el tema de la destrucción del Templo de Jerusalem y otros trágicos sucesos) y se lee Meguilat Eija (Libro de las Lamentaciones) del profeta Irmiahú (Jeremías) que relata el incendio del Primer Beit Hamikdash (Templo de Jerusalem) y el exilio del pueblo de Israel a Babel. ¿Hay acaso palabras que puedan expresar las emociones de los sobrevivientes que fueron testigos de esas escenas? Uno de los intentos que han perpetuado hasta nuestros días es el pequeño libro de Eijá.Irmihaú fue testigo de la destrucción, y conmovido por el dolor y la pérdida, intentó elaborar alguna clase de respuesta, la que es formulada en cinco capítulos tristes, en los que plantea la amenaza de la destrucción (Cap. 4, vers. 23 a 27); manifiesta que Ierushalaim (Jerusalem) merece ser destruida (Cap. 5, vers. 1 a 12) y describe el carácter de la destrucción (Cap 5, vers.15 a 18)Cada capítulo del libro de Eijá tiene sus Psukim (versículos) ordenados según el orden del alfabeto hebreo.
¿Cómo se escribió la Meguilá?
(Selección extraída del libro “Jerusalem de Oro, © Jerusalem de México).
Tras la muerte de Ioshiahu, el último rey justo de Iehudá, ascendió al trono su hijo Iehoajaz. También él, como los reyes anteriores de Iehudá, marchó por el mal camino y adoró a dioses extraños. En su tiempo, el Faraón egipcio, llegó a Rivla, capturó alli a Iehoiajaz y lo condujo a Egipto. En su lugar denominó a Eliakim ben Ioshiahu como rey sobre Iehudá, y cambió el nombre de Eliakim por el de Iehoiakim. El rey Iehoiakim también se apartó del camino de Hashem, y cometió los mismos pecados que Menashé, Amón y Iehoiazaj. Entonces Hashem envió al profeta Irmiahú, al comienzo del reinado de Iehoiakim, a fin de advertirlo acerca de sus pecados. El profeta temía presentarse ante el rey, pues Iehoiakim era conocido por su arrogancia y su crueldad. Mas el Creador aseguró a Irmiahu que ningún mal le ocurriría. “Preséntate ante el rey”, dijo Hashem, “y Yo he de cuidarte en todo lo que hagas” El profeta Irmiahú se presentó ante el rey y le transmitió un durísimo mensaje profético- “Así ha dicho Hashem: he aquí que traigo sobre Iehudá y sobre todos los habitantes de Jerusalén, el mal del cual he hablado”. El rey Iehoiakim se echó a reír al escuchar el anuncio de Irmihaú, y de modo burlón se dirigió al profeta y al pueblo allí presente: “¿Qué nos puede hacer Hashem? ¿Acaso ha de quitarnos el sol que diariamente nos ilumina? Y si lo quita, ¿qué nos importa? ¡Estamos colmados de oro! El oro iluminará la oscuridad”. ¡Su majestad! También el oro y la plata pertenecen a Hashem”, le comentaron por lo bajo algunos ministros. “Como está dicho: Mía es la plata y el oro”. “No es así”, exclamó el rey irónicamente, “la plata y el oro ya nos han sido entregados y sólo el cielo pertenece a Di-s. Toda la tierra ha sido regalada a los hombres”. El profeta Irmiahú volvió a proclamar: “Atienda el rey que una desgracia se aproxima. En un futuro cercano el rey de Babilonia ha de conquistar Jerusalem”. “No podrá hacerlo”, replicó el monarca con decisión, “ya que las murallas de la ciudad son firmes y fuertes”. “¡Pero él las volteará!, le gritó el profeta. “En este caso haremos murallas de hierro alrededor de la ciudad”, gritó Iehoiakim enfadado. “También cavaremos un dique rodeando la muralla, y lo llenaremos de agua. Y si esto tampoco basta, haremos una tercera muralla, de fuego. Cuando el enemigo encuentre tantos escollos regresará avergonzado a su país.Luego, dirigiéndose al profeta, ordenó: “Y ahora, Irmiahú, retírate inmediatamente antes de que descargue sobre ti toda mi ira. Vete para que no sea amargo tu destino”. De este modo el rey gritó enfadado al profeta y lo expulsó de su presencia. Mas el profeta Irmiahú continuo profetizando sobre Jerusalén a pesar del enojo y la ira del rey. Ante tal insistencia, en el cuarto año de su reinado Iehoiakim ordenó apresar al profeta y encerrarlo. Esperaba que de este modo Irmiahú interrumpiera las profecías que contradecían sus ideas. Irmiahú fue encerrado en la cárcel, y Baruj ben Neria, su alumno, lo acompañaba desde el otro lado de las rejas para poder juntos estudiar Torá. Mientras Irmiahú se encontraba en la cárcel, el espíritu divino volvió a revelársele. El Creador le indicó: “Toma un rollo y escribe todo lo que te revelé acerca de Israel y de Iehudá … desde los días de Ioshiahu hasta hoy. Tal vez escuchen los hijos de Iehudá … y abandonen su mal camino”. El profeta llamó a Baruj ben Neria y le dictó la profecía de Hashem. Baruj, el escriba, registró en un rollo la palabra del profeta. De este modo se escribió la Meguilát Eija, dictada por el profeta Irmiahú. Fue escrita siguiendo el orden del alfabeto hebreo ya que los israelitas no respetaron la Torá, escrita en base a estas mismas letras. Tremendas profecías anunció el profeta; horrendas calamidades transmitió Irmiahú a los habitantes de Iehudá y Jerusalén. Si bien las profecías fueron dictadas por Irmiahú a Baruj ben Neria, mientras el primero aún permanecía preso, más tarde el escriba cumplió el pedido del profeta: leyó las profecías delante del pueblo reunido en el Templo.Entre los que escucharon tales predicciones se encontraba Mijaiahu ben Gemaryahu, oficial del rey Iehoiakim. Este corrió al palacio del rey y relató al resto de los oficiales el contenido del mensaje que acababa de escuchar. Inmediatamente los oficiales mandaron detener a Baruj ben Neria. Una vez ante su presencia, le exigieron que también ante ellos leyera las palabras del profeta Irmiahú. Con suma atención y guardando un profundo silencio los ministros atendieron la lectura. Una vez concluida un gran temor los invadió, razón por la cual decidieron unánimemente que el rey Iehoiakim también escuchara el contenido del rollo profético. En aquel momento el rey se encontraba descansando en la mansión invernal de su palacio. Coma el mes de Kislev, época de mucho frío, y sus sirvientes hablan encendido un fogón a su lado. El fuego dispersaba un aire tibio, mas a pesar del cálido ambiente del salón imperial, un clima tenso apresaba a los presentes. Iehudi ben Netaniahu, uno de los ministros del rey, recibió la orden de leer el pergamino delante del rey. En un comienzo la expresión del rey era pasiva e inclusive indiferente, mas lentamente fueron apareciendo en su rostro signos de verdadero enojo. Su indiferencia se transformó en ira desenfrenada. “Toma ese pergamino insolente y arrójalo al fuego”, gritó el rey. “Rómpelo y arrójalo a las llamas. ¡Que no quede ni una sola letra!”. Tres ministros le rogaron que no quemara el pergamino, mas Iehoiakim no atendió sus ruegos. Además, ordenó a tres de sus ministros que asesinaran al escriba Baruj ben Neria y al profeta Irmiahú. Mas Hashem los ocultó milagrosamente y de este modo lograron salvarse de la mano del rey. Tras un breve período Hashem ordenó a Irmiahú tomar un nuevo pergamino y volver a escribir las palabras arrojadas al fuego por orden de Iehoiakim. Otras profecías fueron reveladas al profeta, las que también fueron escritas en orden alfabético.Los terribles anuncios del profeta se cumplieron palabra por palabra tal lo atestigua la meguilá que ha llegado hasta nuestros días, conocida con el nombre de Meguilat Eija. Mas el rey Iehoiakim no se conmovió ante los anuncios, y no se arrepintió de sus malos actos. Y entonces llegó su hora… Hashem envió a la tierra de Iehudá a Nabucodonosor, rey de Babilonia. Este asentó su poderoso ejército en Rivla, con la intención de ascender desde allí hasta Jerusalén. Al saber el Sanhedrin que Nabucodonosor se encontraba en Rivla, un profundo temor los invadió. Los sabios del Sanhedrin se presentaron ante Nabucodonosor y le consultaron: “¿Acaso piensas destruir el Beit Hamikdash? ¿Tu intención es quemarlo?”. “No”, respondió Nabucodonosor, “no he venido a quemar el Templo de Hashem sino a apresar a Iehoiakim, vuestro rey. ¡El se ha rebelado contra mí!”. Los sabios del Sanhedrin consideraron que lo más prudente seria encerrar a Iehoiakim y entregarlo en manos del babilonio. Lo fundamental era salvar la destrucción del Beit Hamikdash y de Jerusalén. Siguiendo tales consideraciones entregaron a Iehoiakim en manos del rey babilonio, quien fue juzgado muy duramente. Los babilonios lo colocaron sobre un caballo de madera y lo pasearon por todo Israel para humillarlo ante su pueblo. Luego lo asesinaron, destrozaron su cadáver y lo arrojaron a los perros. Este fue el penoso fin del rey Iehoiakim, tal lo anunciado por el mensaje profético.