jueves, 5 de agosto de 2010

LA PARASHA DE LA SEMANA


PARASHAT REE
פרשת ראה
El libro Devarim presenta la situación de una confrontación hacia la idolatría, y por ello la parashá Reé señala la presencia de un único santuario para el culto. No podían existir otros lugares salvo el expresamente indicado para adorar a D´s. Los otros debían ser destruidos, tanto los lugares, así como sus contenidos, esculturas, imágenes y estatuas.
Aprendimos a lo largo de la historia del pueblo de Israel sobre la aparición de los Profetas, aquellos hombres que presentaron el mensaje de D´s en distintos momentos y situaciones, ya fuera para criticar actitudes negativas del pueblo en el cumplimento de la Torá, así como llevar un mensaje de consuelo y afecto en momentos de desgracia. Existía la posibilidad que algunas personas se presentaran como profetas, pero que no lo fueran. La Tora describe las características que distinguían al profeta verdadero del falso profeta. En ese caso, si llegara a aparecer un falso profeta, esta persona debía ser castigada, y el apedreamiento era la forma de terminar con él.
El pueblo de Israel era un pueblo sagrado y este atributo se señalaba de distintas maneras. La Torá en esta parashá vuelve a mencionar las leyes de Cashrut en la alimentación, la distinción entre animales puros e impuros y la observancia de estas reglas era parte de la santidad del pueblo.
La Torá hace mucho énfasis en las leyes sociales, y se resalta la actitud de cuidado que debía ser tenido con la persona menesterosa, la viuda, el huérfano y el extranjero, quienes formaban las clases desposeídas dentro del pueblo de Israel y que debían ser especialmente protegidas.
Para ello se describen las leyes del diezmo, los préstamos a los pobres y las leyes sobre los esclavos. El pueblo de Israel nunca debía olvidarse que había sido esclavo en la tierra de Egipto, y por ello sabía cómo podían sentirse las personas desprotegidas y entonces, tratarlas en consecuencia, de un modo más que correcto.
En distintos libros de la Torá aparece el calendario de festividades y conmemoraciones. Parashat Ree señala las principales fiestas y los preceptos a ser cumplidos en ellas.
D´s era la autoridad suprema del pueblo. Sin embargo, si en algún momento se iba a elegir un rey para gobernar al pueblo, esta persona debía tener ciertas calificaciones que la Torá describe en forma minuciosa. Debía ser un hermano, o sea miembro del pueblo. No podía acumular riquezas, señaladas en la parashá a través de la abundancia de caballos. No podía tener muchas mujeres y principalmente, debía escribir para sí una Torá, y llevarla a donde quiera que fuera y estudiarla en todo momento a fin de no apartarse de la ley judía.
Shabat Shalom!
RAB RUBEN SAFERSTEIN

PALABRAS DE VIDA


Dios Infinito… Dios está conmigo

Adón Olam es quizás el más conocido y el más frecuentemente entonado de todos los himnos sinagogales, y es atribuido a Salomón Ibn Gabirol, el gran filosofo-poeta español.
Comienza describiendo a Dios como el Infinito, el Creador de todo, destinado a reinar sobre todo y todos. Pero al concluir, el poeta deposita su confianza final en la protección que, con amor, Dios nos concede al decir: A-do-nai li ve lo irá, “Dios está conmigo, nada temo”.

Lo lejano que hay en Dios y lo cercano que hay en Él, se encuentran en el más sagrado de los días de nuestro Luaj (calendario), el Shabat. Como ya hemos visto , el Shabat es el día en que los cielos y la Tierra se encuentran, se abrazan, cantan y bailan como una pareja de enamorados.

Seminarista Dr. Gabriel Pristzker
Director Comunitario

RESUMEN DE LA PARASHA


Parashá Reé - Mira

Resumen de la Parashá

Moshé pone ante el Pueblo una bendición y una maldición, aclarando que la bendición sería válida si los Benei Israel cumplieran los Mandamientos del Eterno y, caso contrario, la maldición sería válida si se desviaran de Su camino. El Pueblo, con su comportamiento, elegiría entre observar o rechazar Sus leyes.
Una vez entrados a Eretz Israel, se llevaría a cabo una ceremonia en el monte de Gerizim donde pronunciarían la bendición, y otra en el monte de Eval donde pronunciarían la maldición, y en su transcurso se informarían las consecuencias de la bendición y la maldición.
Moshé expuso, después, una cantidad de leyes religiosas, civiles y sociales cuyo objeto era regular la vida de la Nación en la Tierra Prometida. Primeramente se refirió al principio del culto centralizado, actuando contra las prácticas idólatras, debiendo destruirse todos los lugares que se conquisten, donde se sirviera a dioses extraños, como también sus altares, estatuas, ídolos y esculturas.
Todos los sacrificios, holocaustos que se traigan ante Hashem, serán presentados ante el lugar que Él elija. Esas ofrendas deberán ser comidas allí. Nunca se comerá la sangre, pues está prohibido.
El Pueblo de Israel fue advertido sobre no imitar los terribles y espantosos ritos de las cananeos, quienes llegaban a quemar a sus hijos e hijas para adoración de sus ídolos. Todo falso profeta que intentara hacer adorar ídolos, debía ser muerto. También todos los pobladores de alguna ciudad que el Eterno dio para residencia de los Benei Israel y en ella se practicara cualquier tipo de idolatría, sus integrantes debían ser muertos y la ciudad destruida.
Está prohibido realizarse incisiones en el cuerpo ni en la cabeza en señal de duelo. Por ser un Pueblo Santificado, no podrán comer alimentos abominables, por lo que Moshé recuerda los animales, aves y peces permitidos de comer y los prohibidos. También estableció que un segundo diezmo de la producción anual del suelo (maaser shení), debía ser traído por el yehudí al Santuario, a fin de que lo consumiera en ese lugar. Quien viviera lejos del Santuario, podía traer su equivalente en dinero y adquirir una comida festiva para comerla con su familia y los levitas. Al final del tercer y sexto año de cada ciclo de shemitá, el diezmo debía ser entregado a los pobres (maaser oni), levitas huérfanos y viudas.
Al final de cada séptimo año (shemitá), durante el cual la tierra debía permanecer en barbecho, todo acreedor condonará al deudor lo que le hubiere prestado; no le exigirá a su prójimo o a su hermano, por haberse proclamado la remisión del Eterno.
Un esclavo hebreo que hubiere sido vendido en cautiverio debe ser liberado al comienzo del séptimo año. Si el esclavo eligiera permanecer al servicio de su patrón, se le perforaría una oreja por haber preferido la esclavitud a la libertad, contraviniendo el deseo de Hashem.
Moshé recordó las festividades de Pésaj, Shavuot y Sucot, con sus leyes, y destacó que se debía peregrinar hasta el Santuario llevando ofrendas, según sus posibilidades de ofrendar, conforme a la bendición que el Todopoderoso le haya dado.

LA HAFTARA DE LA SEMANA


HAFTARA PARASHAT REE
Por Rab Iehuda Levi


Esta semana leeremos la tercera de las siete profecías de consuelo al pueblo de Israel y a la tierra de santidad, extraídas del libro del profeta Ieshaiahu.
"Empobrecida, agitada, desconsolada; he aquí que Yo asentaré con puj tus piedras, y haré tus fundaciones de sapirim" (54:11)
El profeta nos presenta aquí una turbia imagen de la ciudad sagrada. Jerusalem, se encuentra en un estado de empobrecimiento, como una mujer menesterosa cuyo corazón está convulsionado y agitado por todas las aflicciones que ha sufrido, por su destrucción y por el exilio de sus hijos. Pero la misericordia Divina jamás se alejará y D's le asegura que reconstruirá las piedras de sus pisos con puj - una clase de piedra negra muy cara - además de fortalecer sus cimientos con sapirim - una clase de piedra rojiza, muy cara también.
Sin embargo, inmediatamente después de esta profecía, aparece otra que habla sobre la importancia del estudio de la Torá, como insinuándonos que el verdadero consuelo, necesariamente deberá estar acompañado de la dulzura de las palabras de nuestra Sagrada Torá.
"Oh! Todos los sedientos vayan al agua, así como quien carece de dinero;vayan, compren y coman;vayan, compren sin dinero y sin precio vino y leche" (55:1)
En esta segunda profecía, el profeta Ieshaiahu convoca a todos los sedientos a acercarse a las dulces aguas de la Torá, diciendo que puede ir incluso quien carezca de medios económicos para comprar agua, pues podrá obtener las dulces aguas de la Torá gratuitamente. Quienes realmente tengan apetito por la palabra de D's, podrán acercarse a los profetas para escuchar sus palabras - que valen más que el vino y la leche - sin tener que pagar por esas enseñanzas que encierran la gran sabiduría de la Torá.
"¿Por qué pagarán dinero sin (recibir) pan y se esforzarán sin que sea para saciar; escúchenme a Mí, y coman lo bueno, y se deleitará con manjares vuestra alma" (55:2)
Ieshaiahu le pregunta al pueblo por qué es que ellos pagan dinero para concurrir a toda clase de cursos, charlas y mesas redondas, donde se estudian o debaten distintas materias que nada tienen que ver con el judaísmo, y que en definitiva no sacian al oyente, ni calman su apetito espiritual. Ellos tienen un alimento sabroso y nutritivo que verdaderamente sacia a la persona, colmando todas sus expectativas y necesidades espirituales: la Torá de Israel.
"Presten oído y vengan a Mí, escuchen y vivirá vuestra alma, y concertaré con ustedes un pacto eterno: las bondades de David, que son firmes" (55:3)
Si el pueblo de Israel se acercaría a la Sagrada Torá, entonces D's concertaría con ellos un pacto de amor eterno. Él haría que retorne el reinado de la dinastía de David ininterrumpidamente, hasta la venida del Mashíaj (Mesías), y así le retribuiría al rey David por todas las buenas acciones que él había hecho respecto de D's.
Rabí Iosef Jaim (1834 - 1909) en su libro "Adéret Eliahu" nos explica que generalmente los alimentos son digeridos completamente por el cuerpo después de seis horas, y para quien los compró pagando dinero por ellos, es de alguna manera, como si no hubiera comprado nada, pues después de algunas horas ese alimento ingerido desaparece por completo. Por eso, en el versículo anterior, el profeta Ieshaiahu les dijo: "¿Por qué pagarán dinero sin (recibir) pan", pues un alimento es algo efímero.
Pero alguien le podría preguntar al profeta: "¿Cómo es que tú dices que el pueblo gastó dinero sin recibir nada a cambio, si ellos en realidad sí recibieron pan?". Y es por eso que Ieshaiahu se adelantó y les dijo: "se esforzarán sin que sea para saciar", pues el profeta les explicaría que su intensión es decirles que ellos se esforzaron trabajando duramente para ganar dinero para comprar alimento que no trae una saciedad permanente, ya que ellos nunca podrán saciarse más que algunas horas solamente.
Pero esto no es así con el alimento espiritual, es decir, la Torá y las mitzvot, ya que ese alimento sí es eterno, y por eso el mejor consejo que Ieshaiahu puede darles en nombre de D's es: "escúchenme a Mí, y coman lo bueno" - es decir la Torá - "y se deleitará con manjares vuestra alma" - en el mundo venidero. "Presten oído, y vengan a Mí, escuchen y vivirá vuestra alma" - una vida eterna. Entonces, como recompensa por esto "concertaré con ustedes un pacto eterno: las bondades de David, que son firmes", pues la futura redención final, no será parcial y temporaria al concluir en otra esclavitud, sino que será una libertad eterna.