jueves, 26 de agosto de 2010

LA PARASHA DE LA SEMANA


PARASHAT KI TAVO
פרשת כי־תבוא

La lectura de la Torá comienza con el enunciado de la mitzvá de las Primicias, que ya había sido anunciada en el libro de Éxodo.
¿En qué consistía este precepto? Cuando los agricultores traían los primeros frutos al templo de Jerusalem debían hacer una declaración, y aquí en la Torá aparece el texto de las palabras que cada persona debía dirigir a D´s.
La ceremonia de los bikurim, de los primeros frutos significaba junto al agradecimiento por la fertilidad de la tierra, el reconocimiento de la ayuda de D´s desde la liberación de Egipto hasta la entrega de la Tierra Prometida.
El rabino Mordejai Edery explica en su comentario a la parashá que se traían las primicias de los siete frutos más típicos de la Tierra de Israel: trigo, cebada, producto de la vid, higo, granada, olivo y miel (de dátiles).
Estas primicias se llevaban a Jerusalén en distintos momentos del año, pero nunca antes de Shavuot. Generalmente se lo hacía entre Shavuot y Sucot, ritual que está explicado en la Mishná en el capítulo 3 del Tratado Bikurim.
En esta parashá comienza el tercero de los discursos de despedida de Moisés al pueblo de Israel. Indica cuáles eran los pasos a seguir una vez que entraran a la tierra de Israel, que consistían en cuatro ceremonias para declarar la posesión de la tierra. En primer lugar, la Ley debía ser escrita sobre doce piedras en el monte Eibal, asimismo se haría allí un altar, el pacto debía ser ratificado en los montes Gerizim y Eibal, y por último se pronunciarían doce admoniciones sobre los transgresores de la Ley.
Junto a estas ceremonias, estaba explícito el compromiso de cuidar la Ley, cumplir los mandamientos, y la promesa de prosperidad al cumplir con todo ello.

Shabat Shalom!
Rab. Ruben Saferstein

PALABRAS DE VIDA


Cito algunas ideas del Prof. Jaim Barylko Z”L de su libro “Los hijos y la religión” (Ed. EMECE):

“Crecemos con legados, herencia, cultura. Con una tradición a la que, ya sea para afirmarla o para negarla, inevitablemente le pertenecemos. La religión es parte de esa tradición.

Pero en nuestro mundo globalizado flota una atmósfera de incertidumbre. Sembramos aparente libertad y cosechamos juventudes sin identidad, infelices, violentas, desorientadas. ¿En qué nos equivocamos? A no engañarse, no fue libertad lo que sembramos sino abandono, indolencia, desamor. La verdadera libertad es siempre la opción de elegir. Y para elegir es indispensable conocer. Quizás los hijos no elijan lo que quisimos para ellos. Pero eso no nos libera de nuestra obligación de educarlos. Solo el que sabe nadar podrá nadar contra la corriente. Solo el conocimiento protegerá a nuestros hijos de fanatismos sectarios, ídolos de barro, falsos mensajes mesiánicos.

Por eso, a la pregunta: ¿Con qué derecho cría a su hijo en religión? creo que corresponde otra pregunta: ¿Con qué derecho cría a su hijo sin religión?”

Sem. Dr. Gabriel Pristzker
Director Comunitario

RESUMEN DE LA PARASHAT SEMANAL


Parashá Ki Tavó - Entres

Resumen de la Parashá

La parashá de esta semana comienza con el enunciado que realiza Moshé sobre las ceremonias a realizarse en la Tierra de Israel referidas a las leyes de las primicias (bikurim), los primeros frutos de las siete especies (minim). Los mismos debían ser presentados ante el sacerdote (cohén). También recuerda las leyes del diezmo de la cosecha (maaser) de cada tercer año del ciclo de la shemitá, como el apartar maaser para los levitas, los huérfanos y las viudas.
Moshé recuerda al Pueblo de Israel que el cumplimiento de los mandamientos del Eterno, sin desviarse de Sus caminos y Sus mandatos, los recompensaría con la elevación del Pueblo sobre los demás.
Otra instrucción que Moshé y los ancianos dieron al Pueblo, es que una vez cruzado el río Jordán, debían colocar grandes piedras en el monte Eival, sobre las que escribirían todas las palabras de la Ley. También, y en segunda instancia, debían construir un altar de piedras y sobre él sacrificar ofrendas. En tercer lugar, las doce tribus debían ratificar la aceptación de las Leyes del Todopoderoso, ubicándose seis tribus sobre el monte Guerizim representando las bendiciones y las otras seis debían ascender al monte Eival representando las maldiciones. Los levitas se ubicarían entre los dos montes y procederían a advertir a quienes cometieran pecados, como los de idolatría, faltar el respeto a los padres, desplazar los límites de separación con el vecino, poner obstáculos al ciego, no actuar con justicia con el extranjero, el huérfano o la viuda, el mantener ciertas relaciones prohibidas, herir traicioneramente al prójimo, recibir soborno, no cumplir con los mandamientos de la Torá. Ante cada advertencia, el Pueblo debía responder "Amén". Luego procederían a bendecir, por seguir los caminos del Eterno.
Moshé enfatizó sobre lo qué sucedería si el Pueblo se conducía observando los mandamientos del Eterno, y así lograrían prosperidad en sus ciudades, sus campos, sus ganados, sometiendo a los enemigos y estando por sobre las demás naciones. Por el contrario, su comportamiento contrario, traería como consecuencias enfermedades, hambruna y muerte y la Tierra de Israel sería destruida y dominada por naciones violentas, y los judíos diseminados y convertidos en esclavos.
Por último, Moshé comenzó su última exposición ante el Pueblo, exhortándole recordar al Todopoderoso que los protegió en Egipto, durante los cuarenta años en el desierto y los seguiría protegiendo en el futuro.

LA HATARAH SEMANAL


Haftara Ki-Tavo
Yeshayahu 60 : 1 – 22

En esta, la última de las siete haftarot de consuelo, el profeta Isaías llama a Jerusalem a levantarse del dolor de la oscuridad y la sombra, y a brillar ante el mundo con toda su gloria. La luz de la redención, tanto física como espiritual, irradia sobre ella. Sus hijos, que hace tanto desaparecieron, retornan y las naciones del mundo despiertan al reconocimineto de Hashem y de que el Pueblo Judío son sus emisarios.
Esta redención, en contraste con las anteriores, será la final y completa. “Nunca más tu sol se pondrá, ni tu luna menguará, pues Hashem será para ti una luz eterna, y finalizados serán tus dias de luto.”
“Los hijos de extranjeros construirán las murallas de tu ciudad…”
(60:10)
En verdad el Pueblo Judío nunca necesitó murallas del todo. Pues ningún hombre osaría levantar batalla contra ellos, y por eso no necesitaban fuertes ni fortalezas.
Sin embargo ‘los hijos de extranjeros’ –no-judíos que aceptaron para sí mismos las siete leyes de Noé-ellos seguramente necesitan las murallas. Pues de acuerdo al Rambam, la ley de un guer toshav (un no-judío que aceptó las siete leyes de Noé) es solo aplicable durante el tiempo en que la costumbre era de tener las ciudades amuralladas. De modo que ‘los hijos de extranjeros’ construían las murallas de la ciudad para tener el estatus de guerim toshavim. Pues una vez que lograron este estatus, el Pueblo Judío tiene la mitzvah de proveeer su alimento y bienestar.
Una muralla puede ser más que una protección contra los enemigos…