martes, 30 de noviembre de 2010

LA PARASHAT DE LA SEMANA


MENSAJE DEL RABINO
PARASHAT MIKETZ
פרשת מקץ

Pasaron dos años desde el momento en el que el Faraón restituyó al jefe de escanciadores a su puesto y del momento en el que tuvo dos sueños que son quizás los sueños más conocidos de la Torá. El primero de ellos era el de las espigas doradas y las marchitas y el segundo el de las siete vacas gordas y las siete vacas flacas.
“A la mañana siguiente su alma (la del Faraón) estaba perturbada y mandó llamar a todos los grabadores de jeroglíficos y a todos los sabios de Egipto, y el Faraón les relató su sueño pero nadie pudo interpretárselo.” (Génesis 41:8)
Fue entonces que el jefe de los escanciadores recordó a Iosef cuando estaba en la cárcel y su cualidad de interpretar los sueños. Por ello, el Faraón mandó buscar a Iosef, y ya afeitado, bañado y con ropa nueva y limpia, y lo llevaron al palacio ante el Faraón.
Cuando Iosef se presentó ante él, el Faraón le relató los sueños y le pidió que se los interpretase.
Nuevamente apareció la figura de D´s, ya que ante su pedido Iosef le contestó al Faraón:
“Es D´s quien va a responder para tranquilidad del Faraón” (Génesis 41:16)
De ese modo y con la ayuda de D´s, Iosef interpretó los dos sueños agregando la recomendación de que el Faraón instalase una persona de confianza para ayudar a dirigir la administración de Egipto. Fue tal el entusiasmo del Faraón con las palabras de Iosef que inmediatamente lo nombró como su persona de confianza, dándole el anillo, una carroza y a Asenat, hija del sacerdote de On, como esposa.
El nombre de Iosef pasó a ser Zafnat Paneaj “descubridor de lo oculto” quien se dedicó a recorrer toda la tierra de Egipto.
Como esos años fueron los de abundancia, Iosef acopió todo el grano que pudo y lo puso a buen recaudo en los graneros destinados a ese fin.
Pasados los años, llegó la época de las “vacas flacas” y la necesidad de alimento se hizo presente, no sólo en Egipto sino también en las regiones circundantes. Iaacob y sus hijos estaban en la Tierra de Israel que también se vio afectada por la falta de comida. Por esa razón, Iaacob envió a sus hijos a proveerse de alimento a Egipto.
Fue entonces que se produjo el encuentro de Iosef con sus hermanos, aunque de acuerdo al relato, Iosef los reconoció pero no así sus hermanos.
Iosef contó que no estaban todos, que faltaba Benjamín y por eso primero los acusó de espías para luego escuchar la versión de parte de los hermanos referida al momento en el que Iosef había sido vendido a los mercaderes.
“Tus siervos son doce hermanos, hijos de un hombre de la tierra de Canaán. Sólo falta aquí el menor, que quedó con nuestro padre y el otro ya no existe” (Génesis 42:13)
Con esa información Iosef supo que su padre vivía y que su hermano menor había quedado en Canaán. Pero los acusó de espías y los puso en la cárcel durante tres días. Después de ello, pidió que uno de los hermanos quedase como garantía mientras los demás regresaban a casa para traer a Benjamín junto con ellos. Les cargó sus animales con alimento y quedándose Simón, los hermanos se reencontraron con su padre en Canaán.
Antes de la llegada, ellos recordaron la situación producida con Iosef y se recriminaron de lo que había sido hecho ya que lo que les ocurrió posteriormente fue, a su entender, consecuencia de la mala actitud frente a Iosef. Así volvieron a verse con Iaacob y le relataron la historia de lo sucedido ante lo cual Iaacob se quejó amargamente de todo ello y accedió finalmente a que Benjamín viajase a la tierra de Egipto ya que Ieudá le dio garantía de que volverían todos a casa.
La descripción que hace la Torá es muy detallada y muestra la emoción de Iosef al volver a ver a su hermano Benjamín. Tal como había hecho en la oportunidad anterior prepararon el ganado y los alimentos para regresar a Canaán pero Iosef mandó poner secretamente su copa de plata en el equipaje de Benjamín. Fue cuando emprendían el regreso que los oficiales del Faraón detuvieron a los hermanos de Iosef con la acusación de que habían robado objetos del palacio. Ante semejante acusación negaron terminantemente el robo y dijeron que si alguna pertenencia del palacio hubiere sido encontrada, que esa persona fuese matada y el resto quedaría a disposición del Faraón. El mayordomo a cargo revisó el equipaje y la copa apareció en las alforjas de Benjamín. Ante ese hallazgo quedaron todos atónitos y no pudieron desdecir lo que habían prometido con lo cual Benjamín quedaba como siervo de la corte.
Regresaron a la casa de Iosef y se prosternaron ante su presencia. Judá no podía encontrar un alegato que les diera la razón y se ofreció junto a sus hermanos para ser siervos del Faraón. Lejos de mí está el hacer esto. El varón en cuya mano fue hallada la copa será mi siervo pero vosotros iréis en paz a vuestro padre” (Génesis 44:17)
Ieudá había sido quien le había dicho a su padre que él era la garantía para regresar junto a Benjamín y resultó que el menor de los hermanos quedaba como siervo ante Iosef.
La parashá finaliza con una escena angustiante ya que los hermanos podían regresar pero sin la compañía del hermano menor Benjamín ¿Cómo reaccionaría Iaacob quien había accedido a dejar ir a Benjamín a regañadientes?
Tendremos que esperar la próxima parashá para ver el desenlace de esta apasionante historia.
Shabat Shalom

Rab. Ruben Saferstein

PALABRAS DE VIDA

Llamas externas e internas
Recordemos un poco….

En la época del segundo Templo de Jerusalém, el imperio Griego - que gobernaba en la tierra de Israel - decretó varios decretos en contra del pueblo de Israel con la finalidad de abolir su religión. Ellos prohibieron el estudio de la Torá y el cumplimiento de las mitzvot. Además, los griegos también entraron al Templo destruyendo varias partes de él, e impurificaron los objetos de culto puros que en él se encontraban.
El pueblo de Israel sufrió mucho por causa de los griegos, hasta que Dios se apiadó de nosotros y preponderaron los hijos de los Jashmonái - los sumos sacerdotes. Ellos triunfaron sobre sus enemigos y salvaron al pueblo de Israel de sus manos.
Según nos relata el Talmud, el día 25 del mes de Kislev (2 de este mes) los hijos de Israel vencieron a sus enemigos, destruyéndolos. Ellos entraron al Templo y sólo encontraron allí un frasco de aceite puro que tenía el sello del Sumo Sacerdote y que sólo alcanzaba para encender la menorá (el candelabro) del Santuario un solo día. Sin embargo, con ese aceite pudieron encender la menorá durante ocho días, hasta que machacaron olivas y extrajeron nuevamente aceite puro.
Por todo esto, nuestros sabios de aquella generación decretaron que fueran estos ocho días - a partir del 25 de Kislev - días de alegría y de alabanza, y que en ellos se enciendieran luces durante ocho noches, para mostrar y difundir el milagro ocurrido (“Pirsuma de Nisa”).
La palabra hebrea janú significa "descansaron" y el valor numérico de las letras “kaf” y “he” suma 25 (ya que en hebreo cada letra tiene un valor numérico, la letra “kaf”, 20 y la “he”, 5). Esta fiesta se llama Januká pues ellos descansaron (janú) después de mucho tiempo de batallas contra el enemigo, en el día 25 (ka) del mes de Kislev.
Además, esta fiesta se llama Januká, porque en estos días ellos hicieron una reinauguración del Templo de Ierushalaim (“janukat Habait”), que los enemigos habían impurificado.
Reflexionemos juntos… "El alma del hombre es la vela de Dios" (Proverbios)
Las llamas de la janukiá son pequeñas y silenciosas.
En la primera noche de Januká prendemos una vela. Silenciosa y pequeña. Caminamos en el cuarto y apenas notamos su presencia. Como nuestras almas, la llama está ahí. Pero muy sutilmente.
Mientras vivimos nuestros días apresuradamente llenos de ruido y confusión, es fácil perderle la pista a nuestras almas. Hay obligaciones familiares, niños, escuela, la oficina, citas, vacaciones, las noticias de la tarde, la suerte de nuestros equipos favoritos, hacer la cena, leer los e-mails, llevar el auto al taller, regresar libros prestados, regresar llamadas, pagar las cuentas y navegar por la Web.
Y de alguna forma… a pesar de esto, supuestamente, estamos obligados a recordar que cada uno tiene un alma. Que muy dentro de nosotros, nuestra esencia interna quiere hacer más que correr… quiere añorar tocar lo infinito, lo luminoso, lo Divino, lo trascendente.
El encendido de la janukiá crea un nuevo espacio en nuestras vidas. Un espacio donde podemos por un momento, desviar nuestra atención de todo aquello que nos envuelve enfocándonos en la “profundidad de la vida” ¿Quiénes somos realmente? ¿Qué sobre nuestro "yo" interno que aclamamos es preciado? ¿Qué queremos hacer con este tiempo tan corto al que le llamamos vida? ¿Por qué queremos luchar, y quiénes queremos ser… muy dentro de nosotros?
Cada noche de Januká medita “profundamente” sobre distintos temas. Pregúntate algo y luego siéntate frente al brillo silencioso de tu janukiá escuchando el sonido tan suave de tu llama interna. Puede tomar unos minutos o inclusive más, pero ten paciencia y la respuesta llegará.
Cuando llegue, escribe tu respuesta. Después de la primera noche tendrás una respuesta. La segunda noche tendrás dos. Y para el final de Januká, tendrás tanto la janukiá en tu casa, como la llama interna de tu alma, brillando con mayor intensidad.
Ese es nuestro mayor deseo para ti en este año.

Sem. Dr. Gabriel Pristzker
Director Comunitario

RESUMEN DE LA PARASHAT SEMANAL


PARASHAT MIKETZ

Resumen de la Parashá

Al cabo de dos años de que el jefe de las bebidas fuera liberado, el faraón soñó haber visto junto al río, siete vacas flacas que devoraban a siete vacas robustas. El faraón despertó de su sueño y volvió a soñar, esta vez siete espigas flacas comieron a siete espigas llenas de granos. El faraón estaba perturbado y llamó a sus consejeros, pero no pudieron interpretárselos. En ese momento el jefe de los coperos recordó que Iosef, quien estaba en prisión, podía interpretar sueños. Así fue que traído frente al faraón, quien le contó sobre lo acontecido y que había oído acerca de él y su poder de comprensión de los sueños. Iosef aclaró al faraón que no era su sabiduría la que interpretaba los sueños, sino que era el Creador quien lo hacía por su intermedio. Entonces Iosef le explicó que los dos sueños señalaban lo mismo y representaban siete años de prosperidad para la economía egipcia, al principio, y posteriormente siete años de hambruna.
Iosef recomendó al faraón que nombrara un funcionario sabio como administrador de la tierra de Egipto, explicándole que debían almacenar alimentos durante los siete años de abundancia para luego ser consumidos durante los siete años de pobreza. El faraón aceptó la sugerencia y nombró al propio Iosef como administrador y le dio el puesto de virrey de Egipto. Para ello le vistió con finas ropas, le puso el anillo real, un collar de oro y le entregó la carroza del virrey. Le dio por esposa a Asnat hija de Potifera. Nacieron de ella dos hijos Menashé y Efráim.
Iosef acumuló en todo Egipto grandes cantidades de granos, y luego comenzaron los siete años de hambre y así es que ordenó abrir los depósitos y vender a los egipcios los alimentos.
También en Canaán había una terrible hambruna, lo que motivó a Yaacob a enviar a sus hijos a Egipto para comprar provisiones, pero retuvo a su hijo menor Binyamín quien quedó en su casa por temor a que le ocurriera alguna desgracia.
Llegaron a Egipto e Iosef los reconoció, aunque los consideró como extraños y no se dio a conocer como su hermano. Los trató duramente acusándolos de ser espías a lo que negaron ser. Así ellos se presentaron señalando que todos eran una familia de la tierra de Canaán, de doce hermanos de los que había desaparecido uno de ellos y que el más pequeño había quedado con su padre, y que sus presencias en Egipto, eran para adquirir alimentos. Iosef insistió en que eran espías y que solamente les creería si alguno de ellos viajara a traer al hermano menor.
Primero puso a todos los hermanos en prisión durante tres días y, posteriormente, los liberó. Entre los hermanos se lamentaban por lo hecho en su momento con Iosef, y consideraron que todo lo que estaban padeciendo era un castigo Divino por la angustia que le hicieron padecer. Los hermanos hablaban en hebreo, y desconocían que Iosef lo entendía, ya que a éste le traducían al egipcio lo que ellos expresaban. Iosef a oír lo que decían sus hermanos, no pudo contenerse y se alejó y lloró.
Iosef regresó ante sus hermanos e hizo encarcelar a Shimón. Ordenó Iosef a sus sirvientes que en secreto llenaran con cereales los costales de sus hermanos junto a dinero que trajeron.
Al regresar a su casa, los hermanos descubrieron que no sólo traían consigo alimentos, sino también el dinero. Luego relataron a su padre Yaacob todo lo ocurrido y éste se negaba a enviar a su hijo Binyamín a Egipto. El hambre continuaba y Yehudá consiguió convencer a su padre de les que permitiera llevar con ellos a Binyamín, en su regreso a Egipto.
Llegaron nuevamente a Egipto y fueron recibidos por Iosef, quien liberó a Shimón y nuevamente ordenó llenar con provisiones los costales de sus hermanos, devolviendo el dinero. Pero en esta ocasión ordenó que, además, pusieran en la bolsa de Binyamín una copa de plata. Al intentar partir de regreso, fueron acusados de haber robado la copa de Iosef, ante lo que protestaron clamando inocencia y fueron revisados. Al encontrarse la copa en el costal de Binyamín, rasgaron sus vestimentas e Iosef ordenó retenerlo y dejar al resto en libertad para volver a casa de su padre.
Al cabo de dos años de que el jefe de las bebidas fuera liberado, el faraón soñó haber visto junto al río, siete vacas flacas que devoraban a siete vacas robustas. El faraón despertó de su sueño y volvió a soñar, esta vez siete espigas flacas comieron a siete espigas llenas de granos. El faraón estaba perturbado y llamó a sus consejeros, pero no pudieron interpretárselos. En ese momento el jefe de los coperos recordó que Iosef, quien estaba en prisión, podía interpretar sueños. Así fue que traído frente al faraón, quien le contó sobre lo acontecido y que había oído acerca de él y su poder de comprensión de los sueños. Iosef aclaró al faraón que no era su sabiduría la que interpretaba los sueños, sino que era el Creador quien lo hacía por su intermedio. Entonces Iosef le explicó que los dos sueños señalaban lo mismo y representaban siete años de prosperidad para la economía egipcia, al principio, y posteriormente siete años de hambruna.
Iosef recomendó al faraón que nombrara un funcionario sabio como administrador de la tierra de Egipto, explicándole que debían almacenar alimentos durante los siete años de abundancia para luego ser consumidos durante los siete años de pobreza. El faraón aceptó la sugerencia y nombró al propio Iosef como administrador y le dio el puesto de virrey de Egipto. Para ello le vistió con finas ropas, le puso el anillo real, un collar de oro y le entregó la carroza del virrey. Le dio por esposa a Asnat hija de Potifera. Nacieron de ella dos hijos Menashé y Efráim.
Iosef acumuló en todo Egipto grandes cantidades de granos, y luego comenzaron los siete años de hambre y así es que ordenó abrir los depósitos y vender a los egipcios los alimentos.
También en Canaán había una terrible hambruna, lo que motivó a Yaacob a enviar a sus hijos a Egipto para comprar provisiones, pero retuvo a su hijo menor Binyamín quien quedó en su casa por temor a que le ocurriera alguna desgracia.
Llegaron a Egipto e Iosef los reconoció, aunque los consideró como extraños y no se dio a conocer como su hermano. Los trató duramente acusándolos de ser espías a lo que negaron ser. Así ellos se presentaron señalando que todos eran una familia de la tierra de Canaán, de doce hermanos de los que había desaparecido uno de ellos y que el más pequeño había quedado con su padre, y que sus presencias en Egipto, eran para adquirir alimentos. Iosef insistió en que eran espías y que solamente les creería si alguno de ellos viajara a traer al hermano menor.
Primero puso a todos los hermanos en prisión durante tres días y, posteriormente, los liberó. Entre los hermanos se lamentaban por lo hecho en su momento con Iosef, y consideraron que todo lo que estaban padeciendo era un castigo Divino por la angustia que le hicieron padecer. Los hermanos hablaban en hebreo, y desconocían que Iosef lo entendía, ya que a éste le traducían al egipcio lo que ellos expresaban. Iosef a oír lo que decían sus hermanos, no pudo contenerse y se alejó y lloró.
Iosef regresó ante sus hermanos e hizo encarcelar a Shimón. Ordenó Iosef a sus sirvientes que en secreto llenaran con cereales los costales de sus hermanos junto a dinero que trajeron.
Al regresar a su casa, los hermanos descubrieron que no sólo traían consigo alimentos, sino también el dinero. Luego relataron a su padre Yaacob todo lo ocurrido y éste se negaba a enviar a su hijo Binyamín a Egipto. El hambre continuaba y Yehudá consiguió convencer a su padre de les que permitiera llevar con ellos a Binyamín, en su regreso a Egipto.
Llegaron nuevamente a Egipto y fueron recibidos por Iosef, quien liberó a Shimón y nuevamente ordenó llenar con provisiones los costales de sus hermanos, devolviendo el dinero. Pero en esta ocasión ordenó que, además, pusieran en la bolsa de Binyamín una copa de plata. Al intentar partir de regreso, fueron acusados de haber robado la copa de Iosef, ante lo que protestaron clamando inocencia y fueron revisados. Al encontrarse la copa en el costal de Binyamín, rasgaron sus vestimentas e Iosef ordenó retenerlo y dejar al resto en libertad para volver a casa de su padre.

LA HAFTARA DE LA SEMANA


Haftará Para el Primer Shabat de Januká
Zejariá (Zacarías) 2:14 - 4:7


A pesar de que para cada parashá de la Torá fue escogida una haftará que mantiene una relación temática o una analogía con alguno de los temas de la parashá, en días especiales, como ser los días de fiesta, esas haftarot se reemplazan por otras que mantienen una relación con la temática de la fiesta. Es por eso que este shabat leeremos la haftará para el primer shabat de Januká.
Para la lectura de la haftará del primer shabat de Januká fue escogida una sección del libro del profeta Zejariá (s. IV a.e.c.) - perteneciente al libro Teré Asar (los doce profetas que por ser sus libros de pequeñas dimensiones, fueron recopilados en un solo libro).
"Canta y alégrate hija de Tzión, pues he aquí que Yo vengo y moraré en medio de ti,
dice D's". (2:14).
Al comienzo de la haftará encontramos algunos versículos que hablan sobre la ciudad de Ierushalaim en los días de la redención final, pero a partir del capítulo 3 hasta el final de la haftará, vemos otra profecía sobre los primeros años del segundo Templo de Jerusalem, en la que es recordado un personaje bíblico llamado Zerubabel.
Zerubabel era el nieto de Iehoiajín, el rey de Iehudá que fue llevado al exilio desde Jerusalem a Babilonia. Cuando los hijos de Israel se encontraban aún en el exilio babilónico, el rey Ciro de Persia les dio permiso a los judíos para ascender hacia Jerusalem y construir un segundo Templo. Mucho judíos hicieron esto junto con Zerubabel, Iehoshúa el Sumo Sacerdote y otros líderes espirituales, y reconstruyeron las bases del Templo y del altar.
Pero transcurridos algunos meses, los pueblos que habitaban en Ierushalaim le escribieron al rey pidiéndole que detenga la construcción del Templo y él aceptó su pedido (Véase Ezrá - Esdras - cap. 3 y 4).
Esta profecía que habla sobre Ierushalaim en los días de la redención final, ha sido elegida para leerse en el shabat de Januká pues ella habla de una menorá (candelabro) de oro, y en ella también se habla - a partir del capítulo 3 hasta el final de la haftará - sobre los días del segundo Templo de Jerusalem, y en él, como sabemos, ocurrió el milagro de Januká.
"Volvió el ángel que hablaba conmigo y me despertó como un hombre que despierta de su dormir. Me dijo: ¿Qué es lo que ves? Y dije: he visto y he aquí un candelabro todo de oro y su reservorio sobre él, y sus siete lámparas sobre él; siete, siete conductos para las lámparas que estaban sobre él. Y dos olivos sobre él, uno a la derecha del reservorio y el otro a su izquierda". (4:1-3).
El profeta Zejariá veía claramente lo que se le estaba mostrando. Él vio una menorá a la que pudo describir detalladamente. El candelabro era de oro puro y sobre él había un gran receptáculo (reservorio) donde había aceite. El candelabro tenía siete lámparas que recibían su aceite a través de siete conductos que provenían del reservorio, que a su vez recibía su aceite de los dos olivos que estaban a sus costados.
Pero Zejariá no entendía lo que se le estaba insinuando a través de esta visión profética. Es por eso que le preguntó al ángel:
"Hablé y dije al ángel que hablaba conmigo diciendo: ¿Qué son éstos, señor mío?
Contestó el ángel que hablaba conmigo y me dijo:¿No sabes qué son éstos?
Y dije: No, señor mío. Respondió y me dijo diciendo: Esta es la palabra de D's a
Zerubabel diciendo: No por medio del poder y no por medio de la fuerza, sino por
medio de Mi Espíritu, dijo D's". (4:4-6).
D's quería transmitirle un mensaje a Zerubabel: "Así como has visto que todo lo que ocurría con la menorá se hacía por sí solo sin la intervención del hombre - ya que los olivos enviaban su aceite al reservorio sin necesidad de machacar las aceitunas y de allí iba directamente hacia las lámparas - así mismo tú debes comprender que la redención del exilio babilónico y la continuación de la reconstrucción del Templo se harán una realidad no por medio del poder y no por medio de la fuerza".
D's le dijo a Zerubabel que Él pondrá Su Espíritu y Su Voluntad en Darío - el rey de los medos - y por eso es que les dejará a ustedes construir el Templo. Pero no sólo eso. Él también se encargará de todos los gastos de la construcción y les proveerá de alimentos y otras necesidades y no precisarán ayuda de otro hombre (Véase Ezrá - Esdras - 6:9).
Observando más profundamente podemos descubrir que nuestra haftará no sólo fue elegida para ser leída en Januká simplemente porque habla de una menorá de oro y del segundo Templo de Jerusalem, sino porque en ella encontramos otro tema muy relacionado con la fiesta de Januká, como nos enseña el versículo: "No por medio del poder y no por medio de la fuerza, sino por medio de Mi Espíritu".
Los griegos intentaron introducir su cultura y su religión en el pueblo de Israel. Para conseguirlo instituyeron todo tipo de decretos en contra del pueblo, para que dejaran de observar la Torá y sus mitzvot.
Matitiahu, el hijo de Iojanán el Sumo Sacerdote, llegó a una situación donde no podía soportar más la opresión de los griegos sobre el pueblo judío, y se rebeló junto con sus hijos y algunos otros judíos. Él sabía que esa sería una guerra de débiles contra poderosos y de pocos contra muchos, sin embargo, no lo dudó ni un instante pues sabía también que ese enfrentamiento sería una guerra de justos contra malvados, de hombres puros contra impuros y de estudiosos de la Torá contra pecadores.
Matitiahu Jashmonai y sus hijos sabían que a pesar de que, acorde con las probabilidades, la guerra estaba perdida aún antes de comenzarla, el D's de nuestros antepasados los ayudaría así como liberó al pueblo en muchas otras situaciones de las que era "imposible" salir. El éxodo de Egipto, la conquista de la tierra de Israel y la salvación del aniquilamiento perpetrado por Hamán el malvado (en la historia de Purim), entre otros casos, internalizaron en el pueblo de Israel en general, y en los grandes hombres de fe en particular, el conocimiento de que D's es Quien dirige la obra de Su creación en todo momento, únicamente de acuerdo a Su Voluntad.
Y así ocurrió. Contrariamente a todos los pronósticos de la gente especializada en estrategias militares, ocurrió que los débiles les ganaron a los poderosos y los pocos obligaron a los muchos a escaparse. Los macabim y sus ideas triunfaron.
A Iehudá y sus hermanos, los hijos de Matitiahu, los llamaban los macabim por la palabra que estaba escrita sobre su bandera. La palabra "macabi" que en griego significa "valiente combatiente", también representa una sigla, la que queda formada por las primeras letras de las palabras del comienzo del versículo: "Mi Jamoja Baelim Hashem… - ¿Quién es como Tú entre los poderosos, D's…?" (Shemot -Éxodo- 15:11). La letra jaf de "Jamoja" se convierte en kaf , y la primer letra del nombre de D's (que nosotros transcribimos como Hashem) es la iod. Entonces surge la sigla M.K.B.I. a la que se le agregan vocales para poder ser leída (MaKaBI).
Los macabim sentían que su ideal quedaba completamente representado por uno de los versículos que cantaron Moshé y el pueblo de Israel, después de que D's los salvó del ejército Egipcio, que terminó hundido en el Mar de los Juncos: "¿Quién es como Tú entre los poderosos, D's…?".
Ellos enarbolaban los ideales de la Torá. Aquellos ideales que proclaman que a pesar de que es una mitzvá de la Torá cuidar el cuerpo y la salud que D's nos dio, debemos saber que el cuerpo es sólo la "vestimenta" del alma, y que así como las ropas - por más caras y lujosas que fueren - sólo protegen y sirven al cuerpo, así también el cuerpo - por más cuidado y trabajado que fuere - no es más que un servidor del alma.
Los macabim querían alejar de nuestro pueblo las ideas falsas que los griegos quisieron inculcarnos. A pesar de que ellos decían que para tener una mente sana era necesario tener un cuerpo sano (idea compartida totalmente por la Torá), ellos consideraban que la mente es solamente el raciocinio, la lógica.
Sin embargo, para la Torá la mente es mucho más que eso. La mente del ser humano es el elemento de unión entre el alma y el cuerpo, y es por eso que, sin descuidar ninguna parte del hombre, debemos darle mayor importancia a lo más importante: al alma, la parte espiritual del ser humano, que debe ser cuidada a través del cumplimiento de las mitzvot mediante el cuerpo.
(¿Por qué será que - paradójicamente - las competencias deportivas entre comunidades se llaman "macabeadas", así como muchos de los clubes judíos (Macabi) que sólo hacen hincapié en el deporte, casi sin prestarle atención al alma, es decir al crecimiento espiritual del judío basado en nuestra Sagrada Torá y el cumplimiento de sus mitzvot?).
Los macabim creían plenamente en el poder Divino. En ningún momento se atribuyeron la victoria sino que desde el primer momento confiaron en D's sabiendo que sólo de Él proviene la fuerza y el poder que el hombre puede tener, por más grande que fuere. Este aprendizaje de la fiesta de Januká, también representa uno de los pilares del pensamiento judío, y tal vez por eso también es que nuestra haftará fue elegida para leerse en Januká. Pues en ella el profeta Zejariá nos previene:
"No por medio del poder y no por medio de la fuerza, sino por medio de Mi Espíritu,
dijo D's".
"A pesar de que ustedes creen ver que las cosas ocurren por vuestra decisión personal y vuestro esfuerzo, eso es un espejismo solamente. Mi espíritu es el que obra en todos los mundos para que las cosas ocurran. La creencia que ustedes tienen en Mí es la que provoca que Yo decida que ustedes concreten vuestros logros y obtengan lo que desean" - dice D's.

JANUCA , LA FIESTA DE LAS LUMINARIAS

JANUCÁ DE HOY Y DE SIEMPRE

Por Moshé Korin, MILIM DIGITAL


De un tiempo a esta parte, los festejos de Janucá han cobrado gran lucimiento. En generaciones anteriores, consistían en una lectura breve y en el recitado de las oraciones “Al Hanisim” (Por los milagros) y “Halel” (Cánticos de alabanza). Esto en cuanto al culto y en el ámbito familiar, en encender las velitas de cera o de sebo, “hacer honor” a las sabrosas “latkes” (torrejas) y entretenerse con juegos de naipes los adultos y de trompo o perinola los niños, los que también eran gratificados con el obsequio de monedas (“Dmei Januká”, en ídish: “Jánuke guelt”).
Sin menoscabo de las viejas tradiciones, Janucá ha pasado a ser la gran festividad nacional que hoy conocemos: bulliciosa, multitudinaria, con sus canciones, sus desfiles y sus paseos.

UN POCO DE HISTORIA

A partir del año 586 antes de la Era Común , cuando los babilonios se apoderaron de Jerusalem y destruyeron el Templo, el Pueblo Judío fue expulsado de su patria. En el año 538 a .E.C., Ciro (Koresh), rey de Persia, conquistó Babilonia y permitió el regreso de los exiliados a Judea. Ellos restauraron el país y construyeron el Segundo Templo.
La dominación de los persas duró hasta 332 a .E.C., año en que fueron vencidos por el gran jefe griego Alejandro de Macedonia (El Grande), cuyo imperio se extendió por Europa, Asia y África. A la muerte de Alejandro, ese imperio se desmembró, en medio de fuertes luchas entre sus generales. Por un tiempo, Judea quedó en poder de Egipto; luego pasó a manos de Siria, bajo la dinastía de los Seléucidas.
Uno de los monarcas sirios, Antíoco Epifanes, quiso que todos los pueblos de su reino adoptaran las costumbres griegas y decidió convertir por la fuerza a los judíos en paganos. Muchos se negaron, a costa de grandes sufrimientos y aún de la propia vida, hasta que al cabo de medio año, en el poblado de Modiín, cerca de Jerusalem, el anciano sacerdote Matitiahu (Matatías) encabezó la rebelión ( 167 a . E.C.).
Matitiahu pertenecía a la familia de los Hasmoneos. Tenía 5 hijos: Iojanán, Shimón, Iehudá, Eleazar y Ionatán. El que más sobresalía era Iehudá, apodado “el Macabeo” (Iehudá Hamacabí)
Y así comenzó, posiblemente, la primera guerra de guerrillas por la libertad espiritual y política.

LA VICTORIA, FUENTE DE INSPIRACION

Al cabo de años de lucha, los Hasmoneos lograron que las disposiciones de Antíoco Epifanes quedaran abolidas y que se volviera a las que regían antes de la persecución. Posteriormente , la familia de los Hasmoneos consiguió que uno de sus miembros fuera reconocido (aunque a veces de mala gana) por los reyes sirios, como gobernante legal de Judea.
Janucá, una festividad radiante, brilla con sus luces gracias a la bravura moral de un pueblo que, siendo pequeño y débil, se atrevió a alzarse contra una poderosa tiranía.

HELENISMO

Debe ser subrayado que el helenismo, liderado por Antíoco, que contaminó a la Judea de entonces, junto a otras tierras de Oriente, no fue el de la Ilíada clásica ni el de Sócrates, sino una especie abaratada, decadente y voluptuosa parte de la cultura helénica importada por los mercenarios, traficantes de esclavos y rufianes de prostíbulos.
El efecto de esta nueva civilización, sobre la moral de la vida de Judea fue devastador. Todos los preceptos tradicionales judíos fueron prohibidos por el dominador pagano, so pena de muerte. Los ejemplares de la Biblia y otros textos judaicos fueron destruidos y la mera posesión de éstos, era castigada con la pena capital. El Templo mismo fue profanado y convertido al culto de Zeus y hetairas (cortesanas, prostitutas), actuaban en sus sagradas dependencias. En ciudades y aldeas se instalaban altares paganos para someter a los judíos a pruebas de lealtad al helenismo.

“JANUCÁ” (INAUGURACIÓN).

Cuando reconquistaron Jerusalem, enseguida se dedicaron a restaurar el Templo. Retiraron el altar a Zeus y construyeron uno nuevo en su reemplazo, fabricaron nuevos utensilios para el culto y finalmente pudieron realizar la inauguración (“Janucá”). Fue en el año 165 a . E.C., el día 25 del mes de kislev. La fiesta, con sus servicios religiosos, duró 8 días. En su transcurso, el Templo fue profusamente iluminado. Según la leyenda, Iehudá Hamacabí y sus compañeros encontraron en un rincón del santuario un pequeño recipiente sellado, que contenía aceite para apenas una noche y el aceite sirvió para alimentar el candelabro de siete brazos durante 8 noches. Por eso, en la semana de Janucá se encienden luminarias en lugares públicos y en los hogares judíos. Se considera una obligación hacerlo, para mujeres, hombres y niños.

QUÉ NOS DICEN LAS FUENTES

Los Libros de los Macabeos 1º y 2º, que no son libros canónicos (no entraron a formar parte de la Biblia) constituyen, sin embargo, una fuente valiosa para el conocimiento de los hechos que nos ocupan. En “Séfer Hajashmonaím álef” (Primer Libro de los Macabeos), se pone el acento en la inauguración del Templo.

Una segunda versión del por qué dicho acontecimiento se festeja durante 8 días y no sólo el 25 del mes de kislev, podría ser la que figura en el 2º Libro de los Macabeos, donde se señala que ese tiempo, es el que dura la fiesta de “Sucot”, que los guerreros fugitivos habían debido celebrar dos meses antes “en los montes y en las cavernas, a modo de fieras”. Y ahora, después de la victoria, lo pudieron hacer libremente “llevando ramas verdes y palmas, cantando himnos y canciones rememorando la gloriosa gesta”.

FUENTE DE INSPIRACIÓN

La gesta de Janucá fue inspiración para muchos luchadores contra la injusticia y la opresión. Resultó ser fuente de aliento y fortalecimiento para la rebelión en el Gueto de Varsovia, en otros guetos y en campos de exterminio.

También fue fuente de inspiración para el movimiento de liberación de Eretz Israel y el Sionismo, a fin de establecer un Estado judío libre e independiente.

Estimula al pueblo judío, la proeza que hoy conmemoramos, inspira a resistir la asimilación y la tentación de adoptar falsos fetiches o ídolos, a bregar por los ideales de la propia herencia cultural y tradicional, en medio de una mayoría a veces aplastante y para seguir cultivando su acervo cultural en el seno de una vasta civilización dominante, que ambiciona muchas veces, a devorar todo lo que no es ella misma.
La gesta de los macabeos nos induce a la convivencia armónica en la diversidad.

PASADO Y PRESENTE

La simetría con que se unen acontecimientos de la antigüedad con los del presente es fascinante. Se pueden tender líneas y tejer un sinfín de concomitancias históricas de la vida judía de aquel entonces y de la actualidad.
Celebrando ya más de 62 años de la independencia de Israel, también estamos celebrando una gloriosa fiesta pública por la victoria del espíritu judío en la historia.
Estas festividades nos enseñan que, siempre que seamos fieles a nosotros mismos, a nuestro patrimonio, a nuestros valores y a nuestra cultura y tradición, en convivencia armónica con la diversidad, nos transmiten que Israel y el pueblo judío pueden marchar al ritmo de su propio tambor y establecer la agenda de acuerdo a las propias necesidades, voluntad y elección.
En la actualidad, el gran desafío que resta, es la construcción de la paz, el cual, aunque complejo y difícil, seguirá adelante.

GRAN GALA DE TEATRO EN DOR JADASH


En el marco de las actividades previstas se realizó con gran éxito de público e interpretativo una función de teatro que con contó con la participación de los dos elencos de la Institución. En esta oportunidad el Grupo ESPERANZA contó con la apoyatura del Grupo TEATRO ADULTOS ambos bajo la dirección del Prof. PABLO LICHTIN.

SALUDO FINAL
Pusieron en escena dos obras del reconocido escritor y humorista israelí Efraím Kishonhu: "La Perla" y "No exagere Coimeti!" y una selección de textos humorísticos "La idishe mame" que hicieron las delicias del públco asistente por el talento y humor que se reunieron para hacer una inolvidable tarde.

Nuestras felicitaciones y agradecimiento por hacernos disfrutar del trabajo y sentirnos orgullosos de la pertenencia.