miércoles, 19 de enero de 2011

LA HAFTARAH SEMANAL

ISAIAS ( Tissot)
HAFTARAH ITRO

En la haftará de esta semana leeremos una conmovedora profecía dirigida al pueblo de Israel, donde el profeta Ieshaiahu los reprende por no hacer teshuvá (arrepentirse). Sin ningún lugar a dudas, el lector que desee sentirse identificado con el mensaje de la misma, encontrará en las palabras del Rav Mendel Hirsh en su libro "Séder Hahaftarot" algo más que un simple comentario del texto.
Mediante la revelación de la entrega de la Torá en el monte Sinai, D'os nos mostró el camino que nos llevará directamente hacia una Divinidad que retornará al seno de la humanidad, comenzando a través del pueblo de Israel. Israel deberá ser un pueblo consagrado a D'os mediante la realización y el cumplimiento de la Torá. Uno de los caminos para esa concretización es la construcción de un Santuario, del que saldrá la enseñanza y la influencia espiritual para acercar al pueblo de Israel a su tarea. De esa forma, D'os no sólo residirá en el Mishkán (Tabernáculo) sino que también lo hará en el seno del pueblo, en cada uno de ellos.El profeta Ieshaiahu nos muestra la Gloria de D'os que se aleja del Templo. Las personas erróneamente pensaron que si ellos se esmeraban en construirlo a la perfección y con todo lujo de detalles, eso alcanzaría para cumplir con la Voluntad del Creador. Pero se negaron a recibir una dosis de santidad para ellos y para sus vidas. Y no sólo eso, sino que además encaminaron sus vidas en sentido opuesto a ese ideal.Por cuanto que el pueblo de Israel en su mayoría se negaron fuertemente a escuchar, vio el profeta - al comienzo de su misión como tal - que la Divinidad se alejaba. Él vio que los ángeles estaban expectantes, y luego proclamaron la santidad del Creador:
"Y llamó uno al otro y dijo: Santo, Santo, Santo es D'os, llena está toda la tierra de Su Gloria" (6:3)
La santidad es la intención constante de cumplir con la Voluntad Divina sin conflictos y con alegría, y este es un nivel muy elevado en el proceso de perfeccionamiento de la humanidad. Este ideal exige de nosotros inclusive la elevación de nuestra parte material y corpórea hacia el terreno de lo eterno, mediante la autodependencia de nuestros sentidos al régimen de lo obligatorio.
"Y se movieron los parantes de los pórticos a causa de lo voz que llamaba, y el lugar se llenó de humo" (6:4)
Mientras los ángeles proclamaban la santidad de D'os en los cielos y en toda la tierra, el profeta vio que el lugar se estremecía. Todo temblaba pues el Templo, que tendría que haber sido el lugar que D'os eligió para hacer reposar su Divinidad en la tierra sirviendo de intermediario y mensajero, para que sea la primera parte del plan Divino que se concretizaba, no cumplía su función. Por eso el Santuario no podía soportar aquel llamado. A causa de eso, el profeta vio que el fuego del altar se estaba por apagar.
"Y dije: ¡Oh de mí que seré acallado, pues un hombre de labios impuros soy yo,y en medio de un pueblo de labios impuros yo resido, pues al Rey, a D'os, vieron mis ojos!" (6:5)
En ese momento se partió su corazón dentro de él. El no podía decirle al pueblo enceguecido lo que había visto, ya que seguramente no lo entenderían. Todo pensamiento, toda forma de raciocinio está influenciada en mayor o menor medida por la degeneración, hasta tal punto que es obvio y "natural" que el hombre se encierre en sus deseos, ya que para él las palabras tienen otro significado y los conceptos, otro contenido.Pero, he aquí que un ángel acerca a los labios de Ieshaiahu una braza que fue tomada del altar y que parece estar apagada y le hace sentir que todavía una parte de la braza está encendida y para reencenderse necesita el soplido y la respiración del profeta, es decir, su palabra.
"Y escuché la voz de D'os que dice: ¿a quién enviaré y quién irá por nosotros?…"(6:8)
En el momento que él comprendió eso y decidió erguirse lleno de seguridad en D'os para obrar con el objetivo de revivir y mantener la llama sagrada, se fue su debilidad, ella simplemente se alejó de él. En ese preciso instante el profeta Ieshaiahu escuchó el llamado de D'os, al que respondió igual que Abraham Avinu:
"…y dije: Heme aquí, envíame" (6:8)