miércoles, 16 de febrero de 2011

LA PARASHA DE LA SEMANA


PALABRAS DEL RABINO


PARASHA KI TISA
פרשת כי תשא

Las dos parashiot anteriores: Trumá y Tetzavéh describieron el diseño y los materiales que iba a tener el Mishkán (Tabernáculo), así como la descripción de la vestimenta de los Cohanim y su puesta en funciones para ejercer el sacerdocio dentro del Mishkán.
Esta parashá hace un paréntesis antes de describir el proceso de construcción propiamente dicho y relata un acontecimiento que fue decisivo para la historia de los hebreos recién liberados de la esclavitud de Egipto.
Habían pasado solamente algunas semanas desde el cruce del Mar Rojo mientras Moisés se encontraba en la cima del Monte y había permanecido allí por espacio de cuarenta días.
El pueblo necesitaba un símbolo tangible de la presencia divina, y la ausencia del líder por tanto tiempo les hizo temer lo peor. Por esa razón se dirigieron a Aarón, hermano de Moisés y le pidieron construir una imagen, un dios:
“…Levántate y haznos dioses que nos protejan, porque no sabemos qué fue de ese Moisés que nos hizo subir de la tierra de Egipto.” (Éxodo 32: 1).
Aarón fue siempre mostrado en la tradición judía como un hombre amante de la paz y conciliador. En esta situación desesperante para el pueblo, Aarón les pidió los anillos, los aros y todo objeto de oro que pudieran aportar. Ese material fue fundido y resultó la construcción de un becerro de oro ante el cual el pueblo exclamó:
“Estos son tus dioses, oh Israel, los que te hicieron subir de la tierra de Egipto” (Éxodo 32:4)
Frente a esta acción, leemos la siguiente observación en el Talmud de Jerusalén:
¡Qué pueblo peculiar! Cuando se les pidió materiales para la construcción del Mishkán dieron generosamente y al pedirles para otro dios, también dieron con la misma generosidad (Talmud de Jerusalén, Tratado Shekalim 1:1)
Y fue el propio Aarón quien construyó un altar para dicho becerro de oro proclamando una fiesta para D´s y se ofrendaron sacrificios pacíficos y hubo comida, bebida y diversión.
La reacción de D´s no tardó en llegar. Pidió a Moisés que bajara del Monte y viera lo que el pueblo estaba haciendo.
D´s estaba profundamente enojado y dijo: “He visto a este pueblo, y he aquí que es pueblo de dura cerviz. Déjame pues que se desahogue mi cólera contra ellos y los consuma, pero haré de ti un pueblo grande”
(Éxodo 32:10)
Este enojo fue replicado por Moisés, quien al bajar del monte con las Tablas de la Ley y viendo el festejo que el pueblo estaba llevando a cabo, destruyó contra el piso dichas tablas y también hizo lo mismo con el becerro de oro, recriminando a su hermano por haberlo construido.
El enojo no terminó allí, ya que los levitas mataron a tres mil personas de las otras tribus que habían sido responsables por ese becerro y luego Moisés volvió a subir al monte a fin de conseguir una segunda oportunidad para el resto del pueblo, que resultó en una segunda entrega de la Ley.
Gracias al pedido de Moisés, volvió a ratificarse el pacto de Israel con D´s reafirmando la lucha contra la idolatría.
La segunda vez que Moisés bajo del monte con las nuevas tablas, llamó la atención la luminosidad de su rostro:
“Y al descender Moisés del Monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en las manos, no advirtió que la piel de su rostro brillaba tras su conversación con D´s” (Éxodo 34:29)
La expresión del brillo del rostro de Moisés, “karan or” fue interpretada de modo muy disímil en las diferentes traducciones bíblicas. La Vulgata, traducción al latín de la Biblia, hecha por Jerónimo de Estridón en el año 382, interpreta esta frase diciendo que Moisés tenía cuernos. La palabra hebrea Keren significa efectivamente “cuernos” pero también alude a luz, y esto dio lugar a que el gran artista Miguel Ángel hiciera su famosa estatua de Moisés que se encuentra en la Iglesia San Pedro en Cadenas, en la ciudad de Roma, en la que se ve al líder de Israel, portando las Tablas de la Ley, y en cuya frente se observan dos cuernos, y que se explican por la razón que Miguel Ángel, al no saber hebreo, utilizó esta traducción como fuente de inspiración para sus obras. Así lo podemos ver en la imagen de dicha escultura tan conocida.
Luego de relatar este episodio tan desgraciado, la Torá retomará en las próximas dos parashiot, el tema de la construcción del Mishkán.
Shabat Shalom,

Rab. Ruben Saferstein