miércoles, 23 de marzo de 2011

LA PARASHAT DE LA SEMANA


PALABRAS DEL RABINO

PARASHAT SHEMINI
פרשת שמיני

“Y el día octavo, Moisés llamó a Aarón y a sus hijos y a los ancianos de Israel “(Levítico 9:1)

El día octavo, que de acuerdo a la tradición judía fue Rosh Jodesh Nisán, el altar del Tabernáculo fue usado por primera vez. Habían transcurrido siete días en los cuales Aarón y sus hijos fueron preparados para el servicio de la adoración a D´s a través de las ofrendas y sacrificios.
El Mishkán ya estaba preparado con todos los implementos necesarios, y se introducen en esa lectura algunas instrucciones hacia los Cohanim para comenzar su tarea, mientras que el pueblo de Israel se congregaba en la parte exterior del Tabernáculo.
Si bien la tarea iba a estar a cargo de los Cohanim, Moisés tiene un papel muy importante ya que él trasmite las órdenes de D´s.
La primera ofrenda que debían hacer era la de expiación:
“Acércate al altar y presenta tu ofrenda expiatoria y tu holocausto y haz expiación por ti y por tu pueblo y presenta también la ofrenda del pueblo y expía por ellos como ordenó el Eterno” (Levítico 9:7)
Aquí vemos una función similar a la que conocemos del Cohen en el día de Kipur cuando leemos en la Torá que ese día también debía ser elevada una ofrenda de expiación por el Cohen en primer lugar, luego por su familia y después por el pueblo de Israel.
Este ritual fue acompañado por una bendición que el Cohen hacía al pueblo llamada Nesiat Kapaim (alzamiento de las palmas de las manos) y que nos sugiere la conocida bendición sacerdotal que es tan frecuente escuchar en las sinagogas en nuestros días.
Tal como se observaba en la parashá anterior, esta parte del libro de Levítico responde al concepto de Torat Hacohanim, la enseñanza a los sacerdotes, y aquí se indican ciertas reglas de conducta y observancia hacia dichos oficiantes.
El concepto de pureza e impureza ritual abarca el libro de Levítico y es la razón por la cual, se relata un episodio trágico: La muerte de los dos hijos de Aarón, Nadab y Abihu.
“Y tomaron Nadab y Abihu, hijos de Aarón sendos incensarios donde pusieron incienso no prescripto y presentaron así un fuego extraño al Eterno” (Levítico 10:1)
El profesor Menajem Haran explicó que la transgresión fue haber tomado incienso de un sector externo a la parte sagrada del Tabernáculo y por eso se lo llamó “fuego extraño” o impuro.
Con este antecedente la Torá prescribió a los sacerdotes la prohibición de ingerir bebidas tales como vino y licor al entrar al Tabernáculo, y además las comidas de las ofrendas debían ser consumidas sólo en los lugares autorizados.
Relacionado con el concepto de puro e impuro, la Torá trae el listado de los animales, aves y peces permitidos y prohibidos para el consumo humano conocido como las reglas de Kashrut que estaban basadas también en el concepto de pureza e impureza. Las leyes rabínicas trataron sobre la base de la Torá todos estos temas, incluyendo al concepto de Kashrut también los elementos para el consumo de dichos alimentos, vale decir: los cubiertos, vajilla y todo lo necesario para la cocción de los mismos.
Recordemos que la palabra Kasher significa “apto” y este término se aplica no solamente a los alimentos y a la vajilla sino también a la Torá, al talit, tefilin, mezuzá, y también en relación con momentos de fiesta en el calendario hebreo. Por ejemplo, había personas que no se encontraban en situación de pureza ritual para participar de la fiesta de Pesaj, ya fuera por enfermedad o también por otra condición de su cuerpo.
Lo opuesto a Kasher es tamé (lo impuro) y veremos en distintas secciones de la Torá de qué manera la tradición judía abordó el tema de impurezas, ya fuere en el caso de animales, enfermedades, contacto con muertos y cómo erradicar el estado de impureza ritual del seno del pueblo.
Shabat Shalom

Rab. Ruben Saferstein

PALABRAS DE VIDA


Pureza contra impureza

En la sección de la Torá suplementaria a la parashá de esta semana, que le da a este shabat el nombre de “Shabat Pará”, nos encontramos con el extraño ritual de la vaca roja, la “Pará Adumà”.
Sacrificada y consumida por el fuego fuera del campamento, sus cenizas se mezclaban con “madera de cedro e hisopo y lana carmesí” y así se convertían en un líquido para purificación que se guardaba fuera del campamento. Según la Torá, este líquido era utilizado para lavar a aquellos que tuvieran contacto con un cadáver. Tenía el poder de purificar sobre la fuente más virulenta de impureza ritual conocida en la Torá: la muerte. Pero, paradójicamente, la misma poción destinada a limpiar a aquellos que habían sido tocados por la muerte impurificaba, a su vez, a los involucrados en su preparación. Lo que traía liberación a algunos, imponía confinamiento a otros. (Claro que no por siete días como en el caso de la muerte, pero sí al menos por uno)
Para resumir: Las cenizas de la vaca roja purificaban al impuro e impurificaban al puro.
¿Y qué símbolos encierra este extraño y oscuro ritual para nosotros, judíos del siglo 21?
Creo que para mitigar la impureza, debemos convertirnos en “impuros”. Es como si dijéramos: “para rescatar a una persona que se esta ahogando, debemos estar preparados para mojarnos”. Es difícil consolar dolientes mientras no hemos experimentado la muerte de un ser querido nosotros mismos. (No olvidemos que a los niños cuyos padres están vivos no les corresponde el servicio de Izkor). Solamente las tribulaciones vividas pueden forjar una filosofía de vida y un sentimiento de un destino compartido con nuestros semejantes. Solamente cuando hemos sufrido en el alma los “isurei ahavá”, los dolores que, a veces, provoca el amor, podemos aspirar a amar realmente a una persona.
Así como el fuego se apaga con fuego, así como la impureza tuvo una vez el poder de limpiar la impureza, así el sufrimiento tiene el poder de aliviar el sufrimiento.
Shabat shalom

Dr. Gabriel Pristzker
Director Comunitario

RESUMEN DE LA PARASHAT SEMANAL


Resumen de la Parashá

Después de ocho días desde la iniciación de los rituales para ungir a Aharón y sus hijos como sacerdotes, asumieron sus cargos. Toda la congregación estuvo frente al altar, mientras Aharón ofrecía sacrificios por sí mismo y por todo el Pueblo de Israel. Luego Aharón alzó sus manos hacia el pueblo y los bendijo. Posteriormente, Moshé y Aharón entraron al Mishkán y los restos de sacrificios que aún había, fueron consumidos por un fuego Divino. Ante este hecho, el Pueblo se arrodilló, en actitud de adoración al Eterno.
Dos hijos de Aharón, Nadav y Avihú, tomaron inciensos nunca indicados por el Eterno para su uso, y los encendieron en el Santuario, presentando ante el Creador un fuego extraño. Fue entonces, que apareció un gran fuego que les produjo la muerte. Sus cuerpos fueron retirados por Mishael y Eltzafán, hijos de Uziel, tío de Aharón, y llevados fuera del campamento. Este hecho conmovió a Aharón, pero Moshé le explicó que los Cohanim tenían la responsabilidad de salvaguardar el nivel de santidad que Hashem requirió. Aharón y sus dos hijos restantes, Elazar e Itamar fueron instruidos por Moshé de no exteriorizar aflicción, siendo sumisos a la voluntad del Eterno.
El Todopoderoso le dijo a Aharón, que los Cohanim no debían beber vino o licor antes de entrar al Tabernáculo, para cumplir con sus deberes en el Mishkán o al instruir al Pueblo.
El Eterno ordenó a Moshé y a Aharón para que instruyeran al Pueblo sobre su alimentación. Podían comer carne de animales, pero debían observar que no fueran impuros, no kasher.
Solamente se puede ingerir carne de animales cuadrúpedos que tuvieran pezuñas partidas y rumiantes. Por lo tanto quedó prohibido comer carne de camellos, conejos, liebres y cerdos. De los animales que viven en el agua, sólo aquellos que tienen aletas y escamas. Todos los demás quedaron prohibidos para consumir, como ser los moluscos.
De las aves, fueron prohibidas las de rapiña, como el águila, buitre, etc. También son impuros los insectos y otros seres que se arrastran, como ratón, comadreja, lagarto, caracol, reptiles, etc.
La pureza y la santidad son bases en la vida de los judíos.

LA HAFTARA DE LA SEMANA


HAFTARÁ SHEMINÍ
II Samuel 6:1 - 7:17

En la Parashá Sheminí vemos cómo la inauguración del "mishkán" - Primer Santuario erigido por el pueblo de Israel – tiene su lugar. Pero también vemos cómo esta inauguración es de algún modo empañada por la muerte de Nadáb y Avihú, hijos de Aharón "que habían acercado un esh zaráh -fuego extraño-".
El pasaje bíblico elegido para ser leído como Haftará correspondiente a Parashá Sheminí nos relata algo similar.
El pasaje nos sitúa en la época de David, cuando éste prácticamente había derrotado a casi todos sus enemigos en derredor. Por lo tanto, a partir de este momento, David se iría a dedicar también a la organización de la vida cultural y espiritual del pueblo de Israel.
Es así como decide transportar el “Arón Haelohim” – el Arca Sagrada - para trasladarla a “Hir David” – Ciudad de David. Pero aquí también, el texto nos relata la muerte de Huzáh por alguna “negligencia” espiritual de este último. Resulta de ello que la analogía de la Haftará con la Parashá es doble: por la temática y por el episodio de la muerte de Nadáb y Avihú por un lado y Huzáh por el otro.

Adaptación del Libro de Levítico y Haftarot en versión castellana.
Traducción, supervisión, selección exegética, notas y comentarios del Rabino Marcos Edery.