viernes, 20 de mayo de 2011

LA PARASHAT DE LA SEMANA



PALABRAS DEL RABINO



PARASHAT BEJUKOTAI
פרשת בחקתי



Esta es la última lectura del libro de Vaicrá y habla acerca de la recompensa y castigos frente al cumplimiento o no de los mandamientos y preceptos.
Al vivir del campo, los hebreos conocían la importancia de la tierra, de la lluvia, del calor y del frío que afectarían para bien o para mal la producción, y eso determinaría la suerte de cada hebreo durante el año.
Por eso la Torá dice: “Si en mis leyes anduviereis y cumplireis Mis preceptos os brindaré lluvias en su tiempo y la tierra dará su producto y el árbol del campo dará su fruto y vuestra trilla se prolongará hasta la vendimia y la vendimia hasta la siembra y comeréis vuestro pan hasta saciaros y moraréis con tranquilidad en vuestra tierra. “ (Levítico 26:3-4)
Estas son parte de las recompensas o bendiciones y asimismo habría castigos o maldiciones por el incumplimiento de los preceptos. La gravedad de los castigos es tan fuerte que al leer estas oraciones en la Torá se lo hace de un modo rápido y “fuera de micrófono” a fin de escuchar lo menos posible.
La parashá enfatiza el concepto de libre albedrío que ya había sido dado por D´s al comienzo de la Creación y las consecuencias de las distintas elecciones.
El Rabino Avi Weiss que dirige el Instituto Hebreo de Riverdale, y quien viniera hace algunos años a la Argentina se preguntó la razón por la que hay más castigos que recompensas en este texto. Su comentario es muy esclarecedor y por ello quería compartirlo con los lectores del Besorot.
“Pero es extraño porque el largo de las maldiciones es mucho mayor que el de las bendiciones ¿Por qué son tantas más las maldiciones? Casi tres a una. Varias respuestas han sido dadas.Ibn Ezra sugiere que aunque las bendiciones son menos en cantidad de oraciones, en realidad son más numerosas porque a diferencia de las maldiciones, están escritas en categorías generales. En este sentido abarcan mucho más.Biur (Naftalí Hertz Weisel) lo enfoca desde otro punto de vista. Las bendiciones, argumenta, son más dominantes porque nos llegan todas juntas en toda su extensión. Éste no es el caso de las maldiciones. La Torá insiste en que sobrevendrán gradualmente porque son un testimonio de la resistencia de Dios a castigar a Su pueblo. En efecto, una rápida revisión del texto indica que las amonestaciones están arregladas en cuatro versículos pareados, cuya severidad va en aumento. Comienzan con enfermedades y después continúan con hambruna, sitio y exilio. Cada uno de estos grupos comienza con las palabras “Mas si no me [a Dios] escucháis ni cumplís todos estos mandamientos,” indicando como cada paso sigue a un nuevo rechazo de la Torá de Dios. (Lev. 26:14, 18., 23, 27)Se me ocurre otra idea. Quizás, en realidad, las maldiciones son más largas porque la Torá habla en el lenguaje de la gente. Cuando no nos sentimos bien, a menudo describimos nuestro mal. El lenguaje que usamos suena más o menos así “me duele el estómago” o “me duele la cabeza” o “tengo un dolor en las piernas.” En cambio, cuando nos sentimos bien, nunca decimos “mi estómago marcha bárbaro” o “mi cabeza está funcionando bien” o “hoy mis piernas se mueven perfectamente bien.” Lo que decimos en general es “me siento bien.” En otras palabras, no ponemos énfasis en lo bueno que recibimos en la misma forma en que reconocemos las luchas que tenemos que enfrentar.Por esta razón, la Torá, reflejando la forma de pensar de los seres humanos, habla detenidamente de las maldiciones. Al igual que los seres humanos acentuamos nuestro sufrimiento, la Torá también describe con muchos detalles las maldiciones. Las bendiciones están descritas brevemente porque la gente habla de lo positivo que sucede en la vida en forma abreviada.

RABINO AVI WEISS

Fuente: www.hir.org/a_weekly_gallery/weekly_gallery_5766.html

De este modo termina el libro de Vaicrá cuya lectura nos acompañó durante las últimas diez semanas.
Shabat Shalom

RAB RUBEN SAFERSTEIN

RESUMEN DE LA PARASHAT SEMANAL



PARASHAT BEJOKOTAI (EN MIS LEYES)



Resumen de la Parashá
En esta parashá, la última del libro Vayikrá, el Eterno advierte al Pueblo de Israel que si obedecieran las leyes y preceptos que Él ordenó, habrá lluvias y verían el fruto de la tierra y de los árboles y plantaciones. La tierra produciría abundantemente, y no habría ni animales ni enemigos que atacaran a los judíos. Los Benei Israel vivirían en prosperidad y paz.
Pero si no escucharan ni cumplieran los mandatos del Todopoderoso, la revelación contra Hashem traerá el terror sobre el Pueblo de Israel, castigándolo con hambre, enfermedades y el ensañamiento de los enemigos, lo que conllevará a un exilio de la nación. Si aún persistiere esta terquedad contra el Eterno, todas estas heridas serán siete veces más poderosas. Bestias salvajes del campo, destrucción del ganado, reducción de la población y los caminos del judío quedarán desolados.
En cambio, si los Benei Israel se arrepintieran de sus mala actitudes, Hashem recordará Su pacto hecho con los patriarcas Abraham, Itzjak y Yaacob, y nuevamente volverán bajo su manto, pues Él nunca los abandonará totalmente.
La parashá continúa con la contribuciones para el mantenimiento del Santuario, la valuación de la misma estará determinada por la edad y el sexo de quien la consagra.
Quien ofrece un animal para el sacrificio, no podrá cambiarlo por otro. Si el animal fuera defectuoso, lo podrá redimir pagando al Cohén el valor monetario más un quinto de ese valor.
Si alguien redimiera una parte de la tierra entregada, la redención debía estimarse según el número de años que restaran hasta el próximo jubileo (iovel).
Un animal primerizo, no puede ser ofrendado voluntariamente, ya que el primogénito es propiedad del Eterno.
Toda persona condenada a muerte, no podrá ser rescatada.
El diezmo de la tierra, podrá ser redimido pagando su valor más un quinto del mismo.
Todos estos mandatos fueron impartidos por el Todopoderoso a Moshé, en el monte de Sinai para cumplimiento de los Hijos de Israel.

LA HAFTARAH DE LA SEMANA



HAFTARAH BEJOKOTAI


La historia del pueblo de Israel no finaliza con la conquista y el exilio. Estas son meras digresiones. Por más alejados que parezcamos del escenario central de la historia, Hashem nos ha prometido que sobreviviremos y triunfaremos.
Este tema aparece ilustrado en la Haftará de esta semana: la parashá habla de la venta y la redención de la tierra. Del mismo modo, en la Haftará, Hashem le ordena al profeta Yirmiyahu, inclusive cuando éste se encuentra en la cárcel, que redima una propiedad familiar.
Yirmiyahu sabía que todo Eretz Israel estaba a punto de caer presa de los babilonios. ¿Qué necesidad había de redimir una propiedad que estaba a punto de ser capturada?
Hashem le dijo a Yirmiyahu que por más grande que fuera la tragedia, por más largo que fuera el exilio, Hashem finalmente redimiría a Su pueblo. La redención de esta propiedad no era algo meramente simbólico, pues con el tiempo el pueblo judío retornaría a su tierra para habitar en ella en paz. Inclusive cuando nos enfrentamos a la catástrofe, debemos conducirnos sin olvidar que Hashem está dirigiendo el mundo y llevando a cabo todos los preparativos correspondientes.
“Grande en consejo y poderoso en acto, Cuyos ojos son conocedores de todo el camino de la humanidad, para darle a cada hombre de acuerdo con su camino y el fruto de sus actos”. (32:19)
Cuando una persona es juzgada y se dictamina que merece la pena de muerte en el tribunal Celestial, Hashem pone en la balanza la tremenda pena que habrán de sufrir sus inocentes padres, mujer e hijos, en caso de que la sentencia llegue a ejecutarse.
Por eso, Hashem no castiga a nadie hasta que también haga el cálculo de si esto habrá de causar un castigo no merecido a uno de sus familiares. Eso es lo que significa el versículo: “Grande en consejo y poderoso en acto”. Unicamente Hashem es capaz de calcular el grado preciso de la deuda de cada persona, para que solamente tenga que responder “de acuerdo con su camino y el fruto de sus actos”.


Fuentes: Rabí Zev Leff, Outlooks and Insights
Kometz ha Minjá en Maianá shel Torá
Shem Mi Shmuel
Rabí Mahar”a Itzjaki